Distancias
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Volver a caminar por los barrios de infancia, además de un empujoncito a la nostalgia, invita a un juego de la memoria.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailMe gusta jugar cuando camino. Y eso también viene de aquellos años, cuando iba y venía caminando al colegio cuatro veces por día. Si jugaba, el camino parecía acortarse, me hacía olvidar de la bronca por madrugar, a la ida, o del hambre, a la vuelta o de las ganas de quedarme en casa, en el contraturno y siempre.
Jugar a hacerle carrera al tipo que iba a delante y ganarle antes de llegar a la esquina, jugar a caminar por una fila de baldosas o por el cordón, haciendo equilibro, jugar a cerrar los ojos y hacer un trecho lo más largo posible sin tropezar o llevarme algo por delante. A llevar una tapita pateando de una esquina a la otra.
