El Gólgota y las ligerezas
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En estos tiempos de posverdades, ligerezas narrativas y perezas intelectuales, hay que andarse con cuidado. No vaya a ser cosa que una frase tentadora o una idea ocurrente nos hagan una zancadilla y nos demos de nariz contra el piso. Morir no vamos a morir por esas cosas, pero posiblemente nos hagamos un agujero en la rodilla del pantalón justo en el momento en que íbamos para el cóctel.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailDigo que hay que andarse con cuidado porque a veces el mundo aturde de tanto discurso berreta, violento y primitivo. Pero más cuidado aún cuando esas voces nos llegan desde adentro. De nuestro propio laboratorio de ideas. Que como bien se sabe, es atendido por su propio dueño, que se la pasa escuchando radio y leyendo portales todo el día.
Ayer salí a caminar. Un asunto que traía pendiente desde antes de la pandemia más o menos. Por una cosa u otra lo venía postergando. Cuando no hacía mucho frío, era demasiado calor, cuando no las zapatillas, el estado de ánimo, las ocupaciones y un sillón que por gastado ha ido tomando la forma de mi propio cuerpo. Mi zona de confort o algo así.
