Elogio de los jardines
:format(webp):quality(60)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/10/jardin.webp)
Me pregunto en qué momento la utilidad y el productivismo empezaron a avanzar sobre nuestras vidas y sobre todo lo que nos rodea. Una de las consecuencias, creo, puede comprobarse en la ausencia, cada día más pertinaz, de los jardines.
Supongo que habrá ocurrido de a poco, sin que nadie lo decretara. Un día alguien decidió que era mejor aprovechar esos metros cuadrados para guardar el auto. Otro descubrió que podía poner baldosas y olvidarse de cortar el pasto. Después llegaron el cemento, las rejas, los portones y esas superficies prolijas, fáciles de barrer, en las que no hay demasiado que mirar. También desaparecieron los porches para agrandar livings o levantar una piecita.
En Tandil, al menos, cada vez cuesta más encontrar aquellos jardines que alguna vez formaron parte del paisaje de los barrios. No eran grandes parques ni obras de jardinería que merecieran una visita guiada o la contratación de un paisajista. Había un rosal, unos malvones, alguna hortensia, un caminito de lajas y, en ciertos casos, un enano de yeso que seguramente dividía las opiniones familiares. Cada jardín tenía algo de su dueño, de sus gustos y de sus posibilidades. Y, por qué no, de sus afanes.

