En ascuas
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Como a la gran mayoría, supongo, me pasó que la primera media hora me la pasé apagando y prendiendo dispositivos y reseteando el módem. “Cómo puede ser que me diga que tengo internet, si no tengo internet”, me dije más de una vez indignado con mi proveedor. Hasta que me di cuenta de que internet había, porque los portales seguían informando. Entre otras cosas, que se habían “caído” Whatsapp, Facebook e Instagram.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailMe habían quedado un par de mensajes sin enviar y otro par sin responder. Ya volverá, pensé. Y el mundo siguió. Pero no como si nada: el mundo siguió como si algo pasara. Como una sensación. Nada inquietante. Un cosquilleo, el de ayer a partir del mediodía.
El celular volvió a ser ese aparato de hace diez años. Casi un electrodoméstico más, quieto y silencioso, al servicio de la llamada que no puede esperar o del mensaje puntual y necesario. No sé si eso está bien o está mal; en todo caso, todos podemos limitar su uso a esas dos o tres funciones básicas. Venciendo la tentación, claro.
