En viaje
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Dejé atrás la Ruta 11 e ingresé por el camino de tierra y arena que conduce a Mar de las Pampas. Supuse que los dos policías parados en la garita y me iban a parar para pedirme alguna constancia de que estoy sano (o mejor dicho, no contagiado) o algún comprobante de dónde me iba a hospedar o qué pretendía hacer allí.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailSi hubiera pasado una bolsa de nylon movida por el viento, le hubieran prestado la misma atención. Ambos estaban enfrascados en sus celulares. Hacía bien: lo que le mostraban esas pantallas, por poco que hubiera sido, seguro que era más interesante que mis respuestas a las preguntas que imaginé me iban a hacer.
De puro insistidor para demostrarles que me había bajado la aplicación Cuidar o alguna de esas, me detuve un par de metros más delante de la garita. En realidad, lo hice para avisarle a “Deisy” –la encargada del lugar donde me iba a hospedar- que estaba llegando, tal cual me habían encomendado cuando contraté el hotel.
