Equivocaciones
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Una serie de razonamientos equivocados me llevaron a una suerte de conflicto con mi hijo menor. Conflicto del cual casi ni se enteró, porque tuve la suficiente habilidad paterna como para resolver las cosas como un adulto: le hice caso.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailPrimer razonamiento desacertado: Las sábanas son eternas. O sea, no pienso estrictamente eso. Pero tampoco estoy muy alejado. Para ser honesto, nunca me detuve a pensar en ese asunto. Para mí, las sábanas están ahí, aparecen en la casa o vinieron con ella. Y con ella se irán. Error: se rompen, se desgastan, como todo en esta vida. Incluso las sábanas de las camas de los hijos. Conclusión: debo comprarle un juego a mi niño.
Segundo razonamiento equivocado: Las sábanas son todas iguales. Bueno, tampoco tan así. Pero creía que en cuanto a calidad, las sábanas no tenían mayores diferencias. Pues bien: no. Me explicaron que está el tema de los “hilos”. No es muy difícil de entender, en tanto y en cuanto se preste atención cuando a uno le explican. Se nota que en algún momento de la enseñanza se me dio por pensar en otra cosa, porque me perdí. Me quedé con que tienen que tener 180 hilos; de allí para abajo, son “malas”. Una cosa que sí creía saber, era que tenían distintos “motivos”.
