Explosiones
O quedarse toda la noche afuera y esperar ahí, en el silencio astillado por los ladridos lejanos, a que el desasosiego baje, como baja la helada en infinitas plumas de hielo que parecen flotar hasta caer sin amontonarse.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailNo, no está helando. Así y todo, sería mejor entrar. Dejar entrar también a La Negra que me mira y no le dan los ojos para revelarme el susto que la invade, porque les tiene terror a los estallidos y recién nomás ocurrió uno. Y salió corriendo sin saber adónde hasta que me encontró afuera, yo también algo asustado, mirando para todos lados, tratando de entender en los límites cercanos que la oscuridad me permite, el lugar (o la razón) de dónde provino semejante estruendo.
Me mira y no sabe si asustarse más –porque si estoy ahí es porque algo está pasando- o sentirse a salvo. Y se para en las dos patas y estira los brazos para apoyarse en mi costado y mete la cabeza entre sus manos y espera a que las mías le froten las orejas y el lomo y le sofoquen el espanto.
