Historias de vida
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Con el hombre nos conocemos muy poco. Él sabe que yo trabajo en el Diario; yo sé que él es entrenador en un club. Hemos cambiado algunas palabras. Estoy seguro de que si me lo cruzo por la calle no lo voy a reconocer; seguro estoy también -y aliviado- de que él sí, me va a saludar y ante mi cara de extrañeza me va a decir quién es. Hay gente que me salva de caer en la antipatía.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLa cuestión es que hace algunos días me mandó un mensaje. Conocedor de que las columnas de la contratapa de El Eco tratan de rescatar esas historias mínimas, que le ocurren a cualquier hijo de vecino, que hacen a la cotidianidad de una ciudad que a veces se nos hace grande y otras nos muestra, entre pliegues de edificios altos y modernidades, que sigue teniendo ciertas costumbres de cuando aún era chica. O de cuando nosotros lo éramos.
Tenía, por un lado, algo para contarme. Y por otro, algo para decir. Que no siempre es lo mismo.
