Índice de abrigo
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Creo que en aquella época no existía el Indec. Y si existió no lo hubiese entendido; ahora me pasa algo parecido. Pero en mi infancia descubrí mi propia manera de medir el índice de pobreza de mi barrio.
La descubrí una tarde invierno que por un malentendido con mi mamá (ella pensó que yo tenía la llave de casa y yo creí que la había dejado adentro de una maceta como siempre) me tuve que quedar afuera más de una hora.
Me senté en el umbral de la puerta de entrada a esperar. De repente la tarde se hizo noche y junto con el frío que venía de los baldosones del piso me empezó a invadir un aburrimiento insostenible. Ya no me quedaban cosas por pensar. Y eso que por aquellos años tenía un mundo interior bastante poblado de cowboys, indios, soldados, jugadores de fútbol, superhéroes, fantasmas y estrellas de cine.

