La canilla
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De las casas de las que te hablo son de esas que tenían un patio atrás y uno adelante. No, un jardín no: un patio adelante. O ponele que también tenían un jardín, con mucho malvón, hortensias y calas. Pero entre el jardín y la casa había un patiecito. Podía ser con piso de cemento o de tierra bien aplastada que ya parecía hormigón o bien de ladrillos. Sí, piso de ladrillos. En la parte donde estaba la parra, viste. Porque había una parra que en verano hacía las veces de pérgola, para sentarse a la sombra. Uva chinche, por lo general. Juntaba bichos, cierto. Pero no me distraigas.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailY después de la casa, claro, el patio oficial, que era el que estaba atrás. Solía tener una huerta. Una quinta, porque huerta se le dice ahora.
Antes de que me lo digas, te aclaro: no te estoy hablando de las casas chorizo. Esas tenían jardín adelante, luego la galería techada y las piezas a lo largo hasta llegar a la cocina. Al costado, la franja que iba al patio del fondo. Pero no contaban con ese patio delantero del que te hablo.
