La promesa
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En Tandil se espera la nieve como se espera una carta sin fecha ni remitente. Como se espera un mail, un mensaje, un llamado.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailComo se espera un milagro; sin Lázaros, sin panes ni peces ni certezas. Se espera nomás, como aquello que se insinúa una y otra vez, pero no termina de ocurrir.
Año tras año, cuando el invierno se aquerencia en el valle y las calles amanecen con un frío que acobarda al más voluntarioso, la ciudad se pone en vilo. La noticia –que ni siquiera es tal, por reiterativa- se fogonea desde los portales, desde la página del Servicio Meteorológico, desde la pericia de quien mirá el cielo y saca cuentas. Un rumor certero, una versión de fuentes fidedignas que baja con la helada, que se posa en los techos, que susurra entre los árboles desnudos o moteados de naranja en calle Yrigoyen. Un murmullo blanco, tenue, que habla de copos flotando entre las sierras como si el cielo estuviera a punto de romperse en un silencio de algodones.
