HOY, LUNES
La vida sin Carlitos
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Tuve un amigo que se llamaba Carlos. Nos conocimos en la primaria y a la altura de tercer o cuarto grado ya habíamos conformado un grupo de amigos, entre los que estaban El Gordo, el Negro, Edu yo y Carlos.
Tal vez para diferenciarnos del trato formal y distante con que los curas, maestros y maestras nos llamaban (“Procederé a pasar lista –decía el Hermano Zacarías-: Arana, Sergio; Astudillo, Roberto…”), decidimos nombrarnos con apelativos más cercanos y en algún sentido cariñoso.
Entonces, Carlos fue Carlitos.
