HOY, MIÉRCOLES
Las grandes calamidades
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No era el hombre impetuoso, de mirada vivaz y retórica picante que diez meses atrás había recibido la banda y el bastón presidencial. Aquella tarde noche, a Raúl Alfonsín comenzaban a insinuársele en el rostro las huellas de un agobio que le dejó para siempre las ojeras pronunciadas y una mueca de un cansancio tan profundo como difícil de definir.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailComo el protocolo lo imponía, saludó uno a uno a los presentes en una de las salas de la Casa Rosada. Luego, les pidió sentarse alrededor de una mesa oval y le cedió la palabra a Ernesto Sábato.
Era el 20 de septiembre de 1984, fecha en que la Conadep entregó el informe que había elaborado a lo largo de 280 días, a pedido del propio Presidente de la Nación.
