Las utopías
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Vaya a saberse cómo caí ayer en un video de Youtube de The Mamas and the Papas, aquel emblemático grupo de mediados de los sesenta que fue un furor pasajero pero que algo tenía porque ha dejado un clásico que va rumbo a los cincuenta años: California Dreamin (que encaja perfecto en la definición de ´una que sepamos todos´, aunque como diría Capusotto, cantada en un inglés de m…).
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLo cierto es que ni bien comencé a verlo recordé que estuve enamorado de una de las chicas, la de pelo largo y llovido. Qué digo estuve: estaba. Es decir, estoy pero me había olvidado. Recordé también que por esa chica –y quizás por alguna más- me deseé haber nacido una década antes.
Me hubiese encantado estar en la costa oeste norteamericana por aquellos años del nacimiento del flower power y toda esa movida. Y tengo la certeza que de haber estado en San Francisco, esa muchacha –cuyo nombre ingratamente no recuerdo y no pienso googlear- y yo hubiéramos tenido un romance fenomenal. Pero como yo no estaba, se embarcó en otras aventuras amorosas que, razones más, razones menos, terminaron haciendo detonar el grupo. El amor libre tenía esas cosas, de manera que lo nuestro tampoco hubiera durado demasiado. Así las cosas, había cruzado el charco para ahogar las penas de amor en la Ciudad Luz.
