Locos
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Entonces, mientras la mirada se me pierde en la polvareda que ya se vuelve a hacer camino detrás del auto que se devora el horizonte, me arrepiento de todos y cada uno sobre los que alguna vez dije ´están locos estos tipos…´
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailRecuerdo a los amantes del automovilismo que se recorren 500 kilómetros para dormir enroscados en una carpa y al otro día ver pasar como flecha –en el mejor de los casos- la marca de sus amores. Y les pido perdón. Recuerdo a los que se meten en el agua de la laguna hasta la cintura o en la espuma salada castigándoles la frente. Para sacar un pescado que habrán de devolver con la sonrisa como una mueca también helada. Y les pido perdón. A los que corren, los que nada, los que trepan. Y a los que los miran. Y les pido perdón por tratarlos de locos.
No son las diez de la mañana del domingo y en Juárez –o en los principios de Juárez, donde la cancha de Argentino- hay un viento que la atraviesa sin contemplaciones. Hace una hora salí de Tandil y ya debiera estar extrañándola. Extrañar la mesa de mi casa donde descansan algunas migas de anoche, el ruido de la pava preparándose para los primeros mates, el sol pálido que comienza a penetrar el vidrio de la ventana. Extrañar la radio de fondo, donde un locutor dice que las proximidades del invierno ya comienzan a notarse y yo miro los pastos de mi patio que le dan la razón. Extrañar que es domingo sin obligaciones, de pantufla y piyama, de leer los diarios hasta el primer chisme, hasta el último enojo, hasta la repetida admiración de las plumas que admiro.
