Los tomates
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En el momento preciso en que estoy por pedirle a la chica del vivero los tres plantines de tomate platense que fui a comprar, se produce una actividad extraordinaria dentro de mi cerebro. Me siento pensar –hasta podría asegurar que mi cabeza hace chispazos-, pero soy totalmente ajeno a ese sistema de cruce de información, análisis, cálculo de probabilidades, balances de pérdidas y ganancias y finalmente decisión. Mi cerebro está pensando por mí; ya no le soy del todo confiable. Y finalmente digo:
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Accedé a las últimas noticias desde tu email-Dame dos plantines de tomate. De cherri enano.
Jamás en mi vida pensé que iba a plantar cherris enanos. Es más, tampoco imaginé que algún día diría esas palabras delante de una mujer (estoy en proceso de deconstrucción). Y sin embargo, ahí estoy yo, con cara de convencido pidiendo no uno sino dos plantines. Ni tres, claro, que era lo que iba a comprar: tres tomates platenses, de los bien gordos.
