Memorias del fuego

Durante la última dictadura cívico-militar que padeció nuestro país entre 1976 y 1983, el régimen llevó adelante un plan sistemático de represión ideológica. La censura cultural incluyó música, teatro, cine y especialmente libros. Las bibliotecas escolares, librerías editoriales, universidades y hogares particulares sufrieron requisas, confiscaciones y “purgas”.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEntre los episodios más simbólicos de este funesto plan son los ocurridos en junio y agosto de 1980, cuando la dictadura quemó más de 1.500.000 ejemplares del Centro Editor de América Latina (CEAL) en un descampado de la localidad de Sarandí.
Los libros prohibidos iban desde textos de política y sociología hasta novelas, cuentos, poesía y hasta material de divulgación infantil, como la colección “Quiero saber”. Entre los autores censurados figuraban Paulo Freire, Rodolfo Walsh, Eduardo Galeano, Julio Cortázar, Marx, Engels, Lenin, Guevara y Jean-Paul Sartre. Hasta obras del mismísimo Jorge Luis Borges cayeron en la redada por “malinterpretación ideológica”. Porque en estos casos hay una regla que no falla: el que manda a quemar libros no los leyó.