Muchacha hippie
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Fue gracias a ella que pude darle real dimensión al tema “Hurricane”, del gran Bob Dylan. Porque en esa época no entendía mucho el inglés. Ahora tampoco, pero está internet y todo es más fácil. Simple. Simplista. Simplón.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailDe manera que sabía de qué se trataba la canción en general, pero el par de amigos que podían traducírmela y dar detalles no se prestaron. Posiblemente, se hubieran vendido, pero yo no tenía plata. Tanta plata. Porque la canción era larguísima y hoy parece más larga aún. Y ella la cantó de punta a punta, sola con su guitarra (iba a decir guitarrita, faltando a la verdad, porque era más bien un guitarrón electroacústico hermoso). Fue acá en Tandil en un pub que no me acuerdo.
Pero no me enamoré de ella por la versión en castellano de “Hurricane”: me enamoré porque no había más remedio. Existía por aquellos años –hablo de los setenta/ochenta- un mandato dentro mío (y tal vez debería decir en determinados muchachos de mi generación, pero no quiero comprometer a nadie) que nos condenaba a enamorarnos de chicas hippies. Ah, dale… Cómo vas a decir que enamorarte es una condena. Pues sí, de una chica hippie, sí. Porque uno era de Tandil y Tandil estaba justo en el otro extremo del hipismo. Si en aquella época todos los que usaban uniforme hubiesen andado de uniforme por la calle, la vida tandilense hubiera sido un eterno desfile cívico militar. Entonces no era conveniente ser hippie. Ni mucho menos chica de Tandil hippie. Yo conocía a dos, Cecilia y Adriana, que eran lo más hippie que el pueblo podía tolerar. Y ambas tenían novio.
