Nada grave
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-¿Qué es ese ruido?-, me pregunta mi amigo.
-Ah, es la persiana que se está bajando.
-¿Sola?
-Sí.
Se queda un buen rato mirándome. Tal vez se asombró un poco por mi respuesta tan natural. Porque aparentemente no es habitual que las persianas se bajen solas.
Ni bien me mude a esta casa me llamó la atención la primera vez que sucedió. Fue a los días de haberme instalado. Supuse que sería algún mecanismo desajustado: la cinta, por ejemplo o la trabita que está a la salida del dispositivo que enrolla empotrado en la pared.
La tercera o cuarta vez que lo hizo me dispuse a poner manos a la obra: saqué el taparrollo, el mecanismo de abajo, revisé las trabas, saqué la correa y la volví a poner... un laburo a consciencia.
Desde ese día, no lo hizo más. No lo hizo esporádicamente: todas las tardes, cuando el sol se esconde la cortina de enrollar se baja sola.
Lo atribuyo a una cuestión de cansancio de algún material, que luego de tantas horas de estar soportando cierto peso, no puede más y se relaja. Lo que haríamos cualquiera de nosotros.
Generalmente, a esa hora no tengo visitas en casa, de manera que tampoco debo dar explicaciones.
Salvo ayer, que llegó mi amigo con unas cervezas y una picada, a celebrar la inminente pospandemia.
Luego de mirarme un buen rato, me pregunta:
-¿Lo hiciste ver al mecanismo? Capaz que está fallando algo en ese pirulo que va empotrado en la pared.
-No, no lo hice ver: lo revisé yo mismo y está todo bien. Para mí que es un fenómeno vinculado a la “fatiga” de los materiales.
-Ah, se ve que estudiaste alguna carrera de ingeniería vos.
-No, ¿por?
-Ya sé. Porque fatiga de los materiales es otra cosa. Pero bueno, si a vos te convence esa explicación, está bien.
-Dale, no me jodas que vivo solo. No me metas fichas con que es un fenómeno paranormal porque me voy a tener que mudar. Y esta casa me gusta.
-Pero no, hombre. Cómo te voy a decir una cosa así: te conozco. Además, si ocurre todos los días más o menos a esta hora, es decir cuando baja el sol, debe ser por la dilatación de las varillas de la cortina. Son de plástico, quizás con el sol se expanden y cuando empieza a bajar la temperatura vuelven a su tamaño normal y comienzan a deslizarse.
-Sí. O no. No deberían, porque el dispositivo que frena la cinta está justamente para eso: para que no bajen sola.
-Sí, ya sé.
-Entonces qué decís; me querés convencer de algo que es mentira.
-Bueno, el que estabas convencido eras vos. Me pareció más atinado lo de la contracción/dilatación que lo de la fatiga de los materiales, que no sé bien lo que es, pero es otra cosa.
-¿Vos sos consciente de que en un rato te vas a ir, me voy a quedar solo y manija con el tema de por qué se baja sola la cortina?
-Tranquilo, amigo. No se trata de ningún fenómeno paranormal. Lo que pasa es que ninguno de los dos es físico o ingeniero ni tampoco especialista en cortinas de enrollar. Seguramente hay algo que se nos está escapando. Por suerte, tenemos la instrucción suficiente como para entender lo de la ley de gravedad. Eso te demuestra que no está pasando ninguna cosa del más allá.
-¿Cómo es eso?
-Sencillo: si la cortina se baja, no te preocupes. Comenzá a preocuparte el día que se enrolle sola.
-Ah, tenés razón.
-Viste, sonso.
-Gracias.
-De nada. Ahora cortate el quesito que yo preparo el salamín.
