Ojo bien cerrado
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Uno cree que es fácil cerrar un ojo, un solo ojo. Pues no lo es. Es lo más antinatural que hay cerrar un ojo. El único sentido práctico que tiene es hacer un guiñe. Pero ya nadie guiña.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailComo sea, al cabo de un tiempo se aprende a cerrar un ojo. El más fácil de cerrar; luego, el otro: el más difícil. Y es entonces cuando llega la fascinación de abrir un ojo y cerrar el otro y abrir este y cerrar aquel, arrugando la cara de un lado y del otro. Un antes y un después en la vida. El árbol o lo que sea que esté enfrente de nosotros cambia de lugar. Pero no un poquito, algo medianamente imperceptible. Cambia mucho. Tres metros, mínimo. (La pregunta sin respuesta es: ¿dónde está el árbol en definitiva: donde lo ve el ojo izquierdo, donde lo ve el derecho o donde lo ven los dos?).
Pero todavía esto no está pasando. Ella ahora está tratando de cerrar un ojo para ver con el otro. Y eso es difícil.
