Reconocerse
Lleno una lata de durazno medio oxidada con agua, me acerco adonde acabo de plantar una planta que no sé ni su nombre, la riego y aprovecho para disfrutar el solcito de la siesta. Tengo unas cuántas cosas que hacer, pero diez minutos más o menos no van a cambiar el rumbo de los acontecimientos. Me siento al fin sobre un tronco. Me temo que es uno de esos momentos en los que uno vuelve a mirarse en el espejo para reconocerse, saber de sus nuevas arrugas, de la mirada un poco más cansada, del blanco conquistando otra parcela del pelo. No hay espejo. No importa, es otra manera de (re)reconocerse. Conviene hacerlo de tanto en tanto.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLas dos cosas que acabo de hacer no las hubiera hecho en otros tiempos. De hecho, no las hice. Algo me dice que van a formar parte de mis nuevas costumbres.
La primera: estar apurado y tomarme diez minutos no estaba dentro de mi manual de protocolo. Hay urgencias y urgencias. La mayoría de las mías, siempre tuvieron un margen de diez minutos. Pero pocas veces me los tomé. Desde hace un tiempo, sí. Hay una suerte de revancha si se quiere en mi proceder: “que me esperen un rato. Siempre me toco esperar a mí…”.
