Sábado de terrores
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Si me hubiese escuchado el muchacho que fui en algún tiempo, seguramente se hubiese cambiado el apellido (afortunadamente nos está vedado conocer el futuro, de manera que no podemos arrepentirnos ni negarnos a nosotros mismos a cuenta de futuras acciones. Con lo ya hecho –sea la edad que fuere- basta).
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailPorque mi “programón” para el sábado que pasó fue el siguiente: a la mañana, dormir hasta “tarde” (6:45 ya estaba preparando el mate), luego limpiar la casa, lavar ropa y ponerme al día con algunos papeles (en esa procrastiné). Todo esto con alguna musiquita de fondo: rock internacional de los setenta. Bien ahí. Luego, almuerzo liviano, fundido a negro (esa suerte de siesta que consiste en dejarse caer en un sillón, agarrar un libro cualquiera y leer hasta que las letras se entreveran y desaparecen), ducha calentita y compra hiper/recontra/estrictamente cautelosa, hasta llegar al plato fuerte de las siete de la tarde: Boca-Huracán por octavos de final del campeonato que no sé cómo se llama.
No me explico cómo tenemos la habilidad de hacernos tres goles y nos cueste tanto meter uno. O dos.
