Soledades
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La escena transcurre en un retobar de Mar del Plata, durante el último sábado a la noche.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailMe pedí un café irlandés (todavía no eran las diez de la noche y ya había cenado –en otro lugar-. La vejez se está apropiando de numerosas parcelas de mi vida: ahora viene por mis horarios. A la hora en que yo ya había cenado y hacía tiempo para no volver tan temprano al hotel, muchos jóvenes recién se levantaban de la “siesta” sabatina y planeaban qué hacer esa noche) y me dispuse a observar el panorama humano del lugar.
Un muchacho ya entrado en años –disimulados en parte por una indumentaria canchera- cenaba junto a una jovencita –que intentaba disimular su edad con un vestido formal y un exceso de maquillaje innecesario- intentaban llevar un diálogo intergeneracional, disfrazado de a-generacional. Más bien un monólogo, porque el que hablaba de corrido era el hombre. Bastante fuerte, ciertamente, a pesar de la propia chica que, en sus pocas intervenciones, trataba de mantener un tono leve, casi etéreo, como para encontrar un equilibrio en el volumen de la mesa.
