“Sólo que en mi, todo da igual…”
:format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2023/02/dracula.jpg)
A propósito de la columna sobre el Instituto Unzué que escribí hace algunos días, un gran amigo se quedó enganchado con eso del “no paso del tiempo”, que era la sensación que tuve cuando volví -55 años más tarde- a ese lugar donde hice mi primer grado.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailSupe de alguna manera –porque ahora ya creo saberlo aunque no lo pueda explicar- que hay situaciones o lugares o momentos que nos vienen a decir que no hemos cambiado, que hay algo en nosotros –o quizás nosotros mismos- que nos mantenemos inalterables. “Irreversibles”, dijo mi amigo. Nos han pasado la vida y sus vicisitudes y sin embargo, ahí estamos: iguales ante ese lugar o esa persona. En realidad, ante una emoción.
Siguiendo con aquella conversación de mi amigo, me propuso escribir una suerte de novela fantástica al respecto. “Quizás algún día…”, le dije y él ya sabe qué significa esa respuesta. Se necesita –además de talento, conocimiento y otras herramientas- un largo aliento para escribir una novela. No me creo capaz de eso: me distraigo, me desconcentro, me aburro, dejo de entretenerme. Hay algo de maduración, supongo, y todavía no se me ha dado.
