Temporada larga
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Qué mal me caen los tipos que se ponen agresivos cuando manejan. Me rebelan esos actos de intolerancia, prepotencia y hasta locura que en algunas personalidades solo se manifiestan públicamente a bordo de un auto.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailMi viejo, que fue quien me enseñó a manejar, también me alertó sobre ese tipo de conductas al volante. Muy rara vez le escuché un insulto mientras recorría las calles marplatenses con su Citroen 3CV, que parecía descaderarse en cada cuneta. Llegada la temporada de verano y ante la invasión de turistas –“todos porteños –me decía-. Vienen chiflados de allá y siguen con su chifladura acá…”-, guardaba el auto en el garaje y no lo sacaba hasta marzo. “Para no hacerme mala sangre”, aclaraba. Aunque yo creo que era porque no le gustaba verse en ese papel de desquiciado sacando ampulosamente los brazos por la ventanilla.
A mí tampoco me gusta verme en tales circunstancias. Y cuando lo hago, apelo a mi sobrada cuota de negador y busco algún argumento que atenúe la escena. O sea, me justifico.
