Todos los gatos, el gato
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La foto que acompaña esta columna es de la actriz Claudia Gayo (y no sé por qué digo actriz. Porque claro que lo es, pero también es muchas cosas más. Facetas que bien pueden ser resumidas en una: es una mujer con sobradas inteligencias y sensibilidades). “Me siento observada”, publica en su Facebook, a manera de epígrafe.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailY claramente que lo está siendo. Uno no sabe de estas cosas. Es decir, debe haber alguna especialidad veterinaria o de alguna rama de la biología que se dedique a estudiar la mirada de los animales. Es muy poco lo que cualquier hijo de vecino podemos saber –más que saber, aventurar- sobre el tema.
Pongámosle, el perro. La mirada del perro, sobre todo la del perro propio, es más bien tirando a previsible. Puede ser de fidelidad extrema (tienden a esa mirada, más aún si uno parte de la premisa de que el perro es el mejor amigo del hombre), de expectativa, de miedo, de cansancio, de enojo o de nada. Los perros también tienen miradas de nada, como uno.
