Verdades a gusto
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Que los recuerdos son relatos más que memoria, lo aprendí hace bastante. Y me veo tentado de decir que fue allá por mis cuarenta. Pero si intento ahondar en la cuestión seguramente me encontraré narrando una tarde, leyendo algún libro que nada tenía que ver con el asunto y la mente se me disparó para ese lado. Es decir, estaría contando un relato.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailDe manera que mis recuerdos de infancia o adolescencia tienen la nitidez no de aquellos días en que verdaderamente transcurrieron, sino de los colores con que elegí pintarlos mientras me los contaba. Y sus aromas y el rostro sin arrugas de mi madre y los pelos como agujas de mi perro el Bocha adheridos a mi blazer de colegio y la mirada indiferente de la chica de la otra cuadra que empezaba a gustarme.
Más los evoco y más claro se me representan. Me temo que poco de verdad habrá quedado en ellos: apenas una acción, un nombre, un llanto o un miedo. El resto, literatura íntima.
