El Eco y La Verdad
El grupo de estudiantes de 6to. año de la Orientación en Comunicación del Colegio Ayres del Cerro realiza reseñas sobre las visitas a El Eco Multimedios.
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Por Federico Novoa.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailBien temprano a la mañana, alrededor de las 8.45, salimos de la escuela para abordar el colectivo que nos pusiera rumbo a El Eco. Debido a los despistados de mis compañeros, a dos les tuve que pagar el pasaje, pero sin más inconveniente salimos a El Eco.
Tras bajar y caminar un rato, entramos a El Eco, donde nos recibió Mariana Mansilla. Al llegar, no esperaba que El Eco fuera así por dentro, tanto en tamaño como en equipo mediático, pero me sorprendió más cuando comenzamos a subir; no me esperaba que tuviera tantos pisos y, menos esperaba, que el Multimedio tuviese un sitio de podcast, pero ese fue el primer lugar al cual nos dirigimos, y pudimos ver cómo se operaban bien esos sistemas, vimos la publicidad, los sonidos y demás formas de operar del podcast.
De ahí continuamos descubriendo más sobre El Eco: fuimos a ver dónde sale el noticiero e incluso salimos en la tele. Nos comenzaron a hacer preguntas y mi sangre de Netanyahu temía que me preguntaran por violar el acuerdo de dos estados y ocupar Cisjordania, pero por suerte esa no fue la pregunta. Tras recibir una breve entrevista, se podría decir que se dio vuelta la situación y entrevistamos a uno de los periodistas, Claudio, que con cada respuesta me sorprendió más sobre los medios. Pero también me sorprendió cómo reconocía que en ningún medio ni en periodistas existe la objetividad. Yo, como me creía Benjamín Netanyahu, me impresioné que me descubrieran, pero decidí continuar con la visita pensando en eso último y en cómo debía contratar a negacionistas sobre lo que sucede en Gaza.
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Luego fuimos al lugar donde se gestionan las publicaciones digitales y me encontré cara a cara con la gestión de El Eco en uno de mis mayores enemigos: las redes sociales. Pensé: “Maldita sea, las redes sociales hacen más difícil encubrir los crímenes de mi estado apartheid 2.0”, pero por suerte no hubo ninguna publicación sobre ello. En su lugar, aprendimos un montón sobre cómo funcionan las publicaciones; hasta vimos cómo usan la IA como una herramienta de ayuda. Como alguien que tiene granja de bots en redes sociales, me sorprendió que tuviera otros usos. Además, vimos cómo se redacta una publicación y conocimos a varios trabajadores que nos dieron una grata explicación.
Desde ahí nos movimos a ver la impresión de periódicos viejos y el museo del Diario El Eco. Vi periódicos de años tan bellos, como 1948, o años tan malos como 1979. Para culminar el recorrido, fuimos a ver donde imprimían los periódicos a papel; me sorprendió que, a pesar de generar pérdidas, siguieran imprimiéndose.
De ahí salimos, pero al salir, mientras caminaba y también mientras me sentaba en el asiento del colectivo que se me había prometido hace 3.000 años, pensé en que el Estado de Israel debería comprar un nuevo medio para defender su agenda, y así volví a la escuela.
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