Mateo Schettino, cultor del buen humor y la buena vida
Hincha fanático de Gimnasia y Esgrima de La Plata, hizo del rugby su vocación deportiva y actualmente es referí internacional. Melómano, veterinario, amante de los viajes y del gusto por la buena vida. Hoy, al lado de su mujer Patricia Gagey pasa sus días planificando y soñando continuar recorriendo el mundo después de haber casi perdido la vida durante la pandemia del Covid-19.
“A los siete años me enviaron mis padres a estudiar piano. Tenía la suerte de que en casa se escuchaba mucho música clásica y desde chico me llevaba a los conciertos allá en Chacabuco, en el Círculo Italiano, con pianistas famosos que llegaban a la ciudad, así como cuarteto de cuerdas y música de cámara. Mamá me inscribió en la Academia Williams, con teoría y solfeo para piano. Y estuve hasta los 13 años allí. Después mamá me llevó con un concertista Jorge Vegallo y hacía dos días por semana mejoramiento de técnica. A esa altura estaba harto del piano, de los arpegios y las escalas y quería tocar a los Beatles, quería tocar rock y se los dije a mis padres… lo más que pude llegar a tocar fue Puente Pexoa, un chamamé (risas). Pero seguía yendo a los conciertos y escuchando la música de los grandes clásicos de las colecciones familiares”, comienza contado Mateo.
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Accedé a las últimas noticias desde tu email-¿Hacías deporte?
-Jugaba al fútbol. En mi mismo barrio vivía Daniel Passarella, jugábamos junto en los potreros con “El loco” Ortiz (Oscar Alberto, campeón mundial) que también fue wing de la Selección de 1978, era compañero nuestro. Y el deporte me empezó a llevar, me metí con el atletismo y corrí desde los 15 a los 17 allá en mi ciudad. Cuando vine a Tandil ya no era lo mismo y me desgarré en la cancha del Club Santamarina y mantuve la lesión durante muchos años.
