Día Mundial del Malbec: la cepa argentina que busca consagrarse como la mejor del mundo
Con casi 50.000 hectáreas cultivadas en todo el país, la industria vitivinícola celebra la vigencia de su variedad insignia y analiza el potencial de crecimiento en el mercado global.
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Este viernes 17 de abril se celebra el Día Mundial del Malbec, una fecha que encuentra a la vitivinicultura argentina reafirmando su liderazgo global. Con cerca de 50.000 hectáreas de esta variedad cultivadas en el territorio nacional, el país posee la mayor extensión mundial dedicada a esta uva emblemática, consolidando un proceso histórico de adaptación y diferenciación.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLa cepa llegó a la Argentina a mediados del siglo XIX desde Burdeos, cuando Michel Aimé Pouget la introdujo por encargo de Domingo Faustino Sarmiento. Tras más de 150 años, el linaje francés evolucionó hacia variantes locales adaptadas a los diversos suelos. Según el ingeniero Alberto Arizu (h), presidente ejecutivo de Luigi Bosca, este factor “convirtió al origen en una cualidad central del vino”.
La voz de los especialistas
Referentes de la industria analizaron el presente de la variedad. Alejandro Vigil, enólogo jefe de Bodega Catena Zapata, describió al Malbec como un “traductor” del suelo.
“El terruño lo es todo: el Malbec sin lugar es un buen vino, pero con lugar es un gran vino; el terruño no es solo el suelo, es la historia de cómo ese suelo fue trabajado, entendido y respetado”, afirmó Alejandro Vigil.
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Por su parte, Francisco Fraguas, fundador de Entrometido Wines, destacó la versatilidad de la uva y su capacidad para lograr productos de altísima calidad. En sintonía, Hervé J. Fabre, de Fabre Montmayou, recordó que su decisión de invertir en el país en los años noventa se basó en el potencial de esta uva para diferenciarse ante la prensa y el público internacional.
Desafíos y diversidad regional
La elaboración de esta cepa implica una gran responsabilidad para los profesionales. Gonzalo Serrano Alou, enólogo de Anaia Wines, comparó su rol con el de un “director técnico” que debe interpretar el clima y el suelo. En tanto, Thibaut Delmotte, enólogo de Colomé, subrayó que la Argentina logró diversificarse, pero el Malbec sigue siendo la marca internacional por excelencia.
Thibaut Delmotte explicó que la altura es un componente clave:
“Cuanto mayor es la altitud, mayor es la radiación solar, lo que produce uvas con piel más gruesa y oscura, generando vinos más concentrados y estructurados”. El especialista destacó que es posible realizar vitivinicultura extrema a más de 3.000 metros de altura, un hito impulsado por la visión de Donald Hess.
Un capital productivo único
Desde Casa Petrini, Ariel Angelini resaltó la “no frontera” de la variedad, mientras que Matías Ciciani Soler, director de enología y viñedos de Bodega Escorihuela Gascón, identificó la “plasticidad” como la clave de su éxito. Esta capacidad de comportarse de manera distinta según el origen permite ofrecer desde tintos frescos hasta exponentes complejos como los de Bodega Malma o Pulenta Estate.
Finalmente, el camino hacia la excelencia se apoya en hitos institucionales como la creación de la Denominación de Origen Controlada (D.O.C.) de Luján de Cuyo en 1989. Impulsada por Alberto Arizu y otros bodegueros, fue la primera de su tipo en América. Hoy, con etiquetas que alcanzan frecuentemente los 100 puntos en la prensa especializada, el Malbec argentino ya no necesita comparaciones: es un sinónimo ineludible de la identidad nacional.