Elecciones en Colombia: la puja por la economía y el rumbo social
Gustavo Petro, el primer presidente progresista en la historia de Colombia, encara el tramo final de su gestión de gobierno con una aprobación que está por encima del 50 por ciento según diferentes mediciones realizadas en los últimos meses.
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(Especial para NA, Por Carlos Sicchar
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl Ejecutivo saliente entrega una economía estable, respaldada por una inflación anual del 5,68 por ciento a abril de 2026, y una sólida apreciación interanual del peso colombiano del 9,53 por ciento frente al dólar, con una fuerte caída de su deuda externa, la que representa hoy el 29 por ciento de la deuda pública.
Entre sus principales banderas de gestión destacan los históricos aumentos reales del salario mínimo por encima del costo de vida, y una tasa de desempleo actual inferior al nueve por ciento.
Las 12 candidaturas a presidente delinean una intensa batalla por la conducción del Estado, y se estructura bajo cuatro corrientes principales:
El senador Iván Cepeda lidera con comodidad los sondeos de encuestadoras como GAD3, el Centro Nacional de Consultoría e Invamer, concentrando una intención de voto de entre el 36 y 44 por ciento gracias a su promesa de profundizar las reformas estructurales de salud y tierras.
La contraofensiva de la derecha radical es representada por el outsider político y mediático abogado Abelardo de la Espriella, quien sin haber ocupado cargos en el Estado, logra canalizar el desgate de las elites tradicionales, al mismo tiempo empieza a capturar un voto conservador duro con su propuesta de “orden”.
En tanto la opción uribista y conservadora es la senadora Paloma Valencia (Centro Democrático), quien disputa el segundo lugar articulando propuestas de reactivación económica privada y severas críticas al modelo de negociación gubernamental por la paz total.
En tanto el centro fragmentado, representado por un lado por Sergio Fajardo-alcalde de Medellín entre 2004 y 2007- y por el otro por Claudia López, exalcaldesa de Bogotá, ambos condicionados por expectativas muy bajas lo que hace que el voto útil del centro se está redirigiendo hacia las tres candidaturas más viables, lo que diluye sus opciones reales de acceder a la segunda vuelta.
Escenarios para la segunda vuelta
Dado que ninguna fuerza parece capaz de romper el techo del 50 por ciento en la primera vuelta y que es necesario para acceder automáticamente hoy a la Casa de Nariño, el mapa político colombiano se encamina hacia un balotaje el 21 de junio, cuando el comportamiento de las alianzas definirá el poder bajo tres escenarios probables.
El primero es el dilema de la derecha fragmentada. Si Iván Cepeda se mide contra Abelardo de la Espriella, el centro y la derecha uribista (Paloma Valencia) se verán forzados a decidir si apoyan el discurso radical de De la Espriella para frenar al progresismo, o si se abstienen.
El segundo escenario corresponde a la disputa institucional tradicional. Un balotaje entre Iván Cepeda y Paloma Valencia reeditaría la clásica confrontación de modelos económicos. En este marco, la candidata del expresidente Alvaro Uribe tendría mayor facilidad para capturar el voto de centro y de la derecha dura, convirtiendo la elección en un referéndum cerrado sobre el legado de Petro.
El tercer elemento analizado es factor de la abstención (en Colombia el sufragio no es obligatorio) y el voto en blanco. Si la centroizquierda no logra capitalizar el descontento urbano de las capitales y las maquinarias regionales se fracturan, el voto en blanco y el ausentismo jugarán a favor del candidato que posea la estructura de base más disciplinada, dándole una ventaja estratégica al Pacto Histórico en el tramo final.
El escenario
El mapa electoral contemporáneo demuestra que no asistimos a un péndulo ideológico ciego, sino al nacimiento de una sociedad civil que aprendió a exigir derechos sociales tangibles a su clase política.
No obstante, el principal reto estructural sigue intacto: Colombia continúa lidiando con persistentes conflictos armados internos donde operan al menos cuatro grandes grupos delincuenciales y revolucionarios activos con más de 20 mil combatientes (incluyendo disidencias de las FARC, el ELN, el Clan del Golfo, además de Grupos Delincuenciales Organizados), saboteando la accidentada política de “Paz Total” del oficialismo.
El electorado no debate hoy si quiere volver al pasado, sino bajo qué términos institucionales logrará salvaguardar sus nuevas conquistas sociales sin entregar la seguridad del territorio. NA
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