Macron, descontracturado
En su primer día en la Ciudad de Buenos Aires, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, sorprendió a propios y ajenos, incluso a los encargados del operativo de seguridad, al cumplir una agenda muy porteña con parrilla, libros y una caminata por la Plaza de Mayo.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailTras dejar una Francia convulsionada por protestas, en las que incluso se llegó a pedir su renuncia, el europeo pudo disfrutar de tierras porteñas, alejado de los conflictos internos en su país.
Luego de la desinteligencia que marcó su arribo al Aeropuerto Internacional de Ezeiza “Ministro Pistarini”, en donde ningún integrante del Gobierno se acercó a recibirlo -hasta que minutos más tarde apareció la vicepresidenta, Gabriela Michetti-, el jefe de Estado galo comenzó su estadía en la Argentina cenando con su esposa, Brigitte Macron, y una comitiva de 50 integrantes en el restaurante Cabaña Las Lilas, en el barrio porteño de Puerto Madero.
Entre carnes y selfies -el mandatario europeo no rechazó ningún pedido para sacarse fotos durante las tres horas en las que estuvo en el local gastronómico-, Macron intentó mostrarse como un dirigente de bajo perfil.
Tras pasar la noche en el Hotel Intercontinental, en el barrio de Montserrat, el líder del Palacio del Elíseo visitó en la mañana la mundialmente reconocida Librería El Ateneo de Santa Fe y Callao: allí, rodeado de libros y observando los bellos frescos del antiguo cine teatro Grand Splendid, tomó un café en el bar del lugar.
Un detalle para nada menor: Macron conoció a su esposa Brigitte cuando ella era su profesora de Literatura.
Más tarde, se dirigió hacia la Fundación Borges, en donde mantuvo un encuentro con la albacea del escritor argentino, María Kodama. NA
