Reclamaron que se ratifique el tratado sobre armas nucleares
Un grupo de sobrevivientes de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki que integran una campaña internacional ganadora del Premio Nobel de la Paz en 2017 pidió al gobierno argentino que se sume al tratado sobre la prohibición de las armas nucleares y consideró “vital difundir la noticia sobre los efectos devastadores” de este tipo de armamento de exterminio masivo.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLos representantes del “Peace Boat” (Barco de la Paz), una organización no gubernamental que forma parte del cuerpo directivo de la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares (ICAN) y ganadora del Nobel, presentaron su pedido a través de una carta que entregaron en la Cancillería al secretario de Relaciones Exteriores, Daniel Raimondi.
“Estamos presentando esta carta con el fin de que Argentina firme y ratifique el tratado para eliminar las armas nucleares”, dijo a Télam Kei Moriyama, de 25 años, y tercera generación de sobrevivientes (Hibakusha) de Hiroshima.
La mujer participó de la reunión en la Cancillería junto a Junko Watanabe, una japonesa de 77 años que sobrevivió al ataque estadounidense en Hiroshima, y que en diálogo con Télam destacó la importancia de que los sobrevivientes cuenten su experiencia para que esos registros “queden sellados en la historia”.
“La bomba creó instantáneamente 3.000 grados de radiación, un gran viento y carbonizó a miles de personas. Dentro de ese fuego, hubo niños y bebés carbonizados que quedaron negros, tirados en el piso, gente que desapareció instantáneamente y personas moribundas a las que se les salían los ojos de la cara”, recordó Watanabe.
En primera persona
Y, apuntó: “Cuando cayó la bomba, el 6 de agosto de 1945, yo tenía dos años y no recuerdo nada pero mis padres me contaron la historia: estaba a 18 kilómetros del epicentro, en un lugar rural, y era un día soleado de verano”.
“De repente, a las 8.15 de la mañana se sintió un viento muy fuerte y empezaron a caer muchos papeles carbonizados”, agregó la sobreviviente y contó que su madre se asustó y la fue a buscar y entonces “empezó a caer la ‘lluvia negra’, que es la lluvia de radiación”.
Watanabe recordó que cuando comenzó a leer lo que había pasado y vio los documentales (al mes de la bomba, los medios pudieron entrar a Hiroshima para filmar sus efectos) sintió un “shock muy fuerte” y no pudo creer cómo seres humanos hayan podido generar algo así.
“Había personas que parecían muertas pero estaban vivas, con la piel quemada que les colgaba y que caminaban como espíritus. La escena no era algo de este mundo, era el infierno”, relató.
Estos hechos, señaló, la “ayudaron a seguir con las actividades que hacemos con la ONG y seguir construyendo la paz”.
“Las armas nucleares nunca más deben tener lugar”, sentenció Watanabe.
El lema del actual recorrido del Barco de la Paz, que salió desde Japón en diciembre de 2018 y en esta edición cumple 100 viajes, es el “De prohibir a abolir las armas nucleares con el poder de la sociedad civil” y tiene entre sus objetivos el de garantizar que el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares entre en vigor y la abolición total de estas armas. (Télam)
