Necrológicas
SUSANA LEONOR OFICIALDEGUI DE ALTHABE
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl 29 de abril de 1941 llegaba al hogar de Juan y “Chona”, su primera hija, Susana Leonor. Ella, junto a sus padres y su hermana cinco años menor, Beatriz, tuvo una infancia feliz.
Desde muy jovencita, comenzó sus estudios primarios y, paralelamente, sus clases de piano. Fue una alumna aplicada y comprometida. Años después, se recibió de profesora de piano y solfeo, con un promedio de 10. Todo un orgullo para su familia.
El 24 de septiembre de 1960 contrajo matrimonio con Carlos Antonio Althabe, un esposo como pocos, que la amó, la acompañó, la respetó y la cuidó sin descanso, hasta su último suspiro y hoy sufre su ausencia.
De esa unión nacieron cinco hijos: Carlos Gabriel, Claudia Susana, Fabiana, Sandra Daniela y Diego Fernando (f).
Susana y Carlos construyeron un matrimonio ejemplar, en el que supieron afrontar momentos muy hermosos, pero también otros muy difíciles. Hombro a hombro, siempre juntos, superaron cada una de las tormentas que la vida les ponía en su camino, siendo así, un modelo a seguir.
Susana fue una mujer con defectos y virtudes, sencilla, divertida, de carácter fuerte, dinámica y trabajadora y, principalmente, dedicada a su familia.
Esta partida sin retorno dejó un gran vacío y un profundo dolor en todos quienes la amaron. No sólo a sus hijos, sino también a sus hijos políticos: Jorgelina, Horacio, Guillermo y Andrés, a sus trece nietos: Martín, Facundo, Julieta, Emanuel, Noelia, Anahí, Nazareno, Mariel, Fernando, Ariel, Natalia, Azul y Nicolás; y a sus pequeños y hermosos bisnietos: Diego, Benicio y Aníbal.
Hoy duele en el corazón su partida. Duele el no poder verla, el no poder estar o solamente el compartir una charla, un punto nuevo, rezar, estar un rato a su lado.
“Sólo reconforta el pensar que aquella madrugada en que se fue, los abuelos la estaban esperando para que no se sintiera sola en ese nuevo lugar. Que ellos la acompañaron hacia Diego que, ansioso, después de tanto tiempo, la esperaba con los brazos abiertos para abrazarla fuerte, mientras el tío Mario y Leonardo miran y sonríen al lado de un rico asado que están preparando en honor a su llegada. ‘¡Fiesta en el cielo!’, dijo mi amiga, y seguro fue así. Hoy no lloro por ti, pues sé que vives. Junto a la fuente del tiempo, allá en el fondo de todos los caminos de las estrellas. Hoy lloro por mí, pues me quedé sin ti. Mamá, siempre estarás, en nuestro recuerdo, en nuestras plegarias y en nuestro corazón, eternamente viva. Por siempre y para siempre, tu familia”.
ALICIA ETCHEVERRY
El 5 de diciembre de 1937, en General La Madrid, nació Alicia R. Etcheverry, y era la menor de seis hermanos. Con una infancia y adolescencia un tanto difícil, tuvo que abrirse camino ante las adversidades de la vida.
Se desempeñó como modista y fue madre soltera de su único hijo varón, Jesús, quien le dio una nuera y tres nietos. A los 29 años, conoció a Juan D. Argüello, quien fue su compañero por más de 50 años. De esa unión nacieron dos hijas: Adriana y Viviana, quienes le dieron cinco nietos, tres varones y dos mujeres.
La música, especialmente el tango, fue su aliada en sus momentos como ama de casa, mientras disfrutaba cocinar y reunirse en familia.
Dueña de una gran sonrisa y buen carácter, se hizo querer por todo el que la conoció. Su familia y allegados la recordarán con gran cariño, ya que dedicó su vida a cuidar y ayudar a los suyos, brindando amor incondicional en todo momento.
A la edad de 81 años, el pasado 8 de enero, falleció y su ausencia dejó un gran vacío entre sus seres queridos, quienes la recordarán por siempre.
BENIGNO CASTRO
El tiempo sigue su marcha y va gastando las lunas. Hace poco fue su despedida, pero entre todos los que lo quisieron quedaron recuerdos de los días de gaucho que jamás se olvidarán.
Su vida fue sacrificada, entre el campo, la familia, los amigos y las horas de cartas y jineteadas que fueron un símbolo distintivo para él. Desde chico comenzó a luchar con una maleta a la cintura, o renegando, quizás, con alguna overa de tambo que más de una vez contaba que le hacía luchar para lograr la independencia que tanto anhelaba.
Los puestos rurales que con tanto esmero defendió hoy están un poco tristes, porque ya no está para contarles de lo suyo, de sus anécdotas, del picudo madrugador o de algún otro perro que le había salido bueno para la hacienda y lo acompañaba en sus horas de mensual.
Probablemente, el oscuro ya no sea ensillado, retoza tranquilo y come su ración, la que tanto le preocupaba. Las ovejas llegan en busca de la comida como cada tarde, y la familia sigue pensando que logró lo que no muchos consiguen en su paso por la vida.
Sus 62 años de casados mostraron que sí existe el amor para toda la vida. Fue prolijo, de ocuparse y preocuparse por sus seres queridos, y respetuoso de su compañera Carolina que, hoy, como todos los días, madruga para regar sus plantas, barrer y limpiar la casa. De la familia siempre dijo que en malas y buenas hay que estar unidos, porque todo pasa. Todos lo extrañan, recuerdan y piensan que fue un ejemplo a seguir por la forma en que obró. Una enfermedad quiso que su ausencia duela, aunque siempre lo amarán.
“Vi sin reja tu ventana, vos sos la paloma blanca, y mi garguero se atranca recordando tus mañanas. Tus costumbres campechanas son pa’ mí frente un vecino, oigo al costao del camino el relincho de un bagual y en tu arboleda el zorzal suelta la paz en su trino. Te vi tan bien arreglado, vi tan contenta a tu gente, orgullosos del presente por no haberte abandonado, y se me aflojó el recado maldiciendo tu partida, una nube desprendida me hace gotear el techo y entró a galoparme el pecho pal’ tiempo en que tuviste vida. Para vos, el Guille”.
SUSANA JOSEFA FANTAGUZZI
El 23 de enero falleció en Tandil, a los 63 años, Susana Josefa Fantaguzzi de Sáenz, emprendiendo un largo viaje al cielo y dejando aquí, en la tierra, los mejores recuerdos.
Había nacido en María Ignacia (Vela), donde transcurrió toda su vida. Era hija de Adelina Martínez (f) y Norberto Fantaguzzi (f). Compartió su infancia y adolescencia con sus seis hermanos y llegada la juventud formó una hermosa familia junto a su compañero de ruta, Adolfo Raúl Sáenz, dedicando su vida a su única hija Milagros.
Estaba en la plenitud de la vida, y después de muchos esfuerzos y fatiga había llegado a cierta experiencia y tenía por delante posibilidades y proyectos.
Mujer de principios firmes y gran corazón, supo brindarse generosamente a todo aquel que se le acercara en busca de ayuda. Era capaz de sacar una sonrisa en cualquier circunstancia. ¡Cuánto todavía se podía recibir de ella!
Habilidosa con sus manos, emprendedora, decidida y audaz, su gran don era el trabajo con ellas; siendo su hobby todo tipo de manualidades.
Su familia pone hoy su corazón dolido en manos de Dios para mantener viva la esperanza de la resurrección y le dice “hasta siempre”.
“Qué dichosos son aquellos que mueren en el Señor porque el premio a sus trabajos en el cielo les da Dios”.
LIDIA SUSANA PÉREZ
A los 66 años, el pasado 12 de enero, partió de este mundo Lidia Pérez. Había nacido en Tandil el 6 de agosto de 1952, y era hija de Margarita Etelvina Palacio y Eulogio Pérez. Era la menor de seis hermanos: Marta, Alicia, Jorge, Carlos y Oscar. Vivió en Constitución 124 parte de su niñez. Luego fue a la Escuela 7, donde se transformó en la protectora de su hermana Alicia.
Se fue a vivir a avenida Rivadavia al 1000, se casó y tuvo a su primer hijo: Rubén Darío Feliche. Tiempo después se separó y se unió en segundas nupcias con Casimiro Gosk, con el que tuvo dos hijos: Natalia Soledad y Juan Pablo Gosk.
Enviudó e hizo pareja con Héctor Daniel Urrutia, con quien tuvo dos hijos más: Rocío Belén y Franco Gabriel Urrutia. Posteriormente se separó y conoció a Eduardo Dimena y con él pasó los últimos días de su vida.
Fue siempre muy alegre, bondadosa, simpática y divertida. Le gustaba ir a bailar, estar con sus amigos y sus hijos.
Adoraba y cuidaba de sus nietos Nahuel, Katia, Micaela, Daiana, Lucila, Noah, Santiago, Isabella y Ezequiel.
“Siempre te vamos a recordar como la ‘abuela divertida’, la que nos contaba chistes y nos enseñaba canciones. Y por las historias y anécdotas de tu vida, que siempre nos hacías reír. Te vamos a extrañar mucho. Te amamos, tus nietos”.
“Mamita linda. Siempre vas a estar con nosotros y te vamos a recordar con la alegría que siempre tenías. Nos enseñaste a ver la vida de la manera más sencilla, para que los problemas sólo fueran una sonrisa y no un obstáculo. A tomar las cosas con calma y protegernos en todo. Nos criaste con todo ese cariño y amor que vamos a extrañar mucho. Dios necesitaba una estrella y te eligió a vos para que ilumines el cielo y desde ahí nos cuides, nos guíes y que cada vez que miremos hacía arriba nos des la paz que necesitamos con tu resplandor. Te amamos y siempre vas a estar con nosotros. Tus hijos”.
PABLO GUILLERMO ORSINI
El pasado 18 de enero, falleció Pablo Guillermo Orsini, con tan sólo 47 años, dejando de sufrir. Aunque su partida duela, sus seres queridos saben que estará mejor y que descansará en paz.
Había nacido el 15 de junio de 1971 en Tandil, con un problema de salud que sólo le impidió caminar, porque a pesar de eso jugaba a la pelota e iba a la escuela y a todos lados, con sus muletas.
Vivió en el campo hasta los 35 años. A partir de ahí la familia decidió mudarse a la ciudad, y siempre estuvo con la mejor compañía de sus padres. Una madre que jamás se alejó de su lado, de oro, que siempre le dio todo y mucho más. Un amor mutuo, único, verdadero, real. Si hay algo que él nunca dejó de hacer fue transmitir fuerzas y paz, desde su silla de ruedas y desde su cama en el último tiempo.
“Gracias por enseñarnos y ser ese ejemplo de luchar por la vida desde donde sea. Siempre te extrañaremos y siempre te llevaremos en el corazón, con los más lindos recuerdos. Con esa hermosa sonrisa y ese rostro lleno de felicidad. Hasta pronto, volá muy alto. Que en paz descanses”.
