Necrológicas

EDUARDO CARLOS CASCON
El pasado 24 de febrero, a los 73 años, se produjo el fallecimiento de Eduardo Carlos Cascón, un querido vecino de María Ignacia (estación Vela)
Había nacido el 4 de enero de 1944 en la citada localidad.
Casado con Beatriz Piñero, era padre de Darío, Claudia y Adrián, en tanto que en la faz laboral era agricultor.

Dedicatoria

“Hoy 25-12-2017 me toca despedirme de un ángel.
Llegó el día en que tengo que decirte hasta siempre. Decidiste bajar los brazos y no pelearla más.
Acá termina tu carrera, te vas y nos dejás con los recuerdos más hermosos a todos: las sonrisas, los besos, los abrazos, tus peleas, tus berrinches…
Pero sobre todo dejaste una hermosa familia y una mujer con todas las letras, como la abu Bety. La vamos a cuidar y acompañar como a vos te hubiera gustado.
Nos dejas un vacío enorme en el corazón, pero sabemos que te fuiste muy contento y que donde estás sos muy feliz.
Nunca pensé que este día llegaría tan rápido, nunca pensé tener que estar despidiéndome de vos tan pronto. No entiendo todavía por qué a vos, pero dicen que las personas buenas se van en Nochebuena, no?
Voy a extrañarte tanto, Pelado: tus mimos, esa pelada hermosa que tenías, esa cara tan perfecta y -sobre todo- ese enorme corazón…
Estamos muy tristes pero muy contentos, porque siempre estuviste ahí, con cada uno de nosotros, siempre al pie del cañón, nunca jamás nos hiciste faltar nada.
No tengo palabras para explicarte cuanto te voy a extrañar, Viejito. Me dejaste sin ninguna explicación y no me diste tiempo para despedirte como te lo merecías.
Estoy muy contenta porque llegaste a disfrutar de cada uno de nosotros, algunos más que otros, hasta al bisnieto llegaste a disfrutar dos años hermosos.
Te amo con lo más profundo de mi corazón y te voy a extrañar mucho.
Cuídanos y protégenos desde esa estrellita a cada uno de nosotros, danos la fuerza y la unión que sea necesaria para que podamos seguir sin que estés entre nosotros
Ahora si me despido para siempre, algún día nos volveremos a ver.
Te digo hasta que nos volvamos a ver.
Te recordaremos con amor y te llevaremos siempre en nuestro corazón.
Beatriz, Darío, Claudia, Adrián; todos tus nietos y demás familiares”.

GUILDA DORA MORIS Vda. DE PACHECO
El pasado 28 de octubre dejó de existir la vecina Guilda Dora Moris viuda de Pacheco.
Su familia la recuerda con sentidas palabras:

“Mi abuelo fue ferroviario. Entonces Guilda, que había nacido en Las Flores, viajó en trenes hacia distintos destinos.
Luego se trasladó a Tandil. Acá conoció a sus amores; su club y su esposo. Juntos se destacaron vistiendo la camiseta aurinegra.
Más tarde formaron su familia, de la que se enorgullecieron.
Compañera y confidente, nos hiciste conocer todo lo que estuvo a tu alcance y más.

Dedicatoria

Primero que nada queremos agradecerte por estar siempre, por cada momento vivido, como cuando decías ´¿precisás algo?´; por tanta fortaleza y garra que ponías en todo.
También queremos agradecer a los que estuvieron y están con nosotros acompañándonos.
No te fuiste. Vivirás en nosotros por siempre. Te amamos. Ya estarás junto a tu Diosito. Descansa en paz!”.

ENRIQUE FEDERICO GUSTAVO RICHTER
El pasado 23 de diciembre se produjo el deceso del vecino Enrique Federico Gustavo Richter.

Dedicatoria

“Para mi amigo:

Mi primer día en la empresa.
Estaba al pie de la escalera que subía hacia las oficinas, cuando siento que pasa al lado, deslizándose por la baranda, un señor riendo. Lo miro y no puedo creerlo: un rostro gentil, una mirada pícara e inteligente y con 78 años, según me enteré más tarde.
¿Pero quién es? El “Loco” Richter, así fue como lo conocí.
Con el tiempo se fue creando un nexo de amistad-compañerismo. Era una persona siempre con ideas, con una cabeza a diez mil por hora, con una lucidez e inventiva -al decir de muchos- pocas veces vista.
Solía visitarlo ocasionalmente y siempre tenía algo sobre lo que estaba inventando y pasaba a explicar el porqué y el cómo, sin egoísmo alguno.
Así nos quedábamos largo rato, conversando de esto o de aquello. Un tema traía otro, y otro, y otro y así se nos agotaba el tiempo, pero no los temas. Así quedaban para más ver nuevos proyectos, de ideas, de vida…
La última vez que lo visité, ya con más de 90 años, lo encontré muy impotente, con la cabeza como siempre -a diez mil-, con la imposibilidad de que el físico no le respondía, que tenía a su esposa desde hacía algún tiempo imposibilitada en silla de ruedas y sentía que no la podía atender en la medida que merecía, no por deber sino por amor, ese amor que se madura con los años, mezcla de amistad, tiempo transcurrido, miradas cómplices y diálogos del silencio.
Se que te fuiste con la preocupación de no haber podido, pero que a nadie quede dudas que hiciste lo súper humanamente posible.
Adiós Viejito.
Alguien que siempre te recordará. Simplemente José (o -como vos me llamabas- Fernández)”.

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