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Necrológicas

ENRIQUE VICTORIO LÓPEZ

Enrique Victorio López. Conocido como Quique López de Los Mimbres. A la edad de 65 años, el pasado lunes 17 de febrero, luego de una cruda enfermedad ha dejado de acompañarnos en este mundo.

Siempre será recordado por sus familiares, amigos y conocidos por sus largas anécdotas, historias, cuentos… Por ese tiempo no medido que dedicaba a conversar con cualquiera que le diera algo de pie para la charla.

“Te voy a decir algo pero no quiero que te ofendas” y venía el reto, palo o consejo que algunas veces terminaba con un “perdóname pero no es así” o con un “ahí te doy la razón”.

Pareciera que sigue sentado en aquel banco, bajo el alero, con su mate y algún perro cerca, mirando el campo pensando quién sabe qué… quizás en sus fierros o en sus animales a los cuales se aferraba.

Siempre estarán en nuestro corazón sus enojos, tristezas y sus risas.

Sus seres queridos lo extrañan a Quique. “Ojalá la vida nos hubiera dado más tiempo de charla y mate compartido”, lamentaron.

Se quedan con todo lo que les enseñó queriendo y sin querer.

DANIEL VIQUEIRA

El 25 de diciembre del 60′ nacía Daniel Viqueira, el primer hijo de dos gallegos que se conocieron en Argentina. Pasó su infancia, llena de travesuras, en Castelar, al lado de sus compinches, sus hermanos, con los que compartió viajes juntando miles de historias que más tarde se convirtieron en los relatos más esperados en la sobremesa de los domingos.
Hasta que su padre decidió meterlo en la LEMO, y así la milicia se convirtió en su carrera y vocación, carrera que lo lleno de seres queridos, de camaradería y lo llevó a recorrer una partecita del mundo con los cascos azules.
Se casó con el amor de su vida, su “petisita”, y adoptó como propio a los dos hijos de ella. Años más tarde tuvieron dos hijos más (“el chango” y “la gordita”), y de a poco formaron una familia sólida, hermosa, divertida, con sus cosas, pero una familia adónde siempre volver. Por la cual hizo hasta lo imposible, con amor e inmensidad, para darles todo lo que siempre necesitaron,  brindando con su sola presencia la calma, seguridad e incomparable felicidad que toda familia necesita.
Se fue viendo a sus dos hijos convertirse en profesionales, teniendo nietos postizos, pero mimando mucho al changuito más chiquito.
Se fue dejándolos con el sabor de que fueron pocos 59 años y que necesitában más de sus risas, de sus exageraciones, de sus constantes anécdotas y de sus malos humores, siempre en sus corazones.
“Se vemo gordo bobo. Te amamos por y para siempre, tu familia”.

ANTONIO ROBERTO MONTES

Nació el 1 de Mayo de 1939, en la ciudad de Tandil. Transitó su niñez en la casa de Richieri y Chile junto a sus padres y hermanos. Siendo joven conoció a su compañera Adelina, con quién formó una hermosa familia, compartiendo 57 años de matrimonio. Como producto de ese amor, nacieron Cristina y Gustavo quienes les dieron a sus nietos Esteban, Carolina, Juan, Lucrecia y Alejandro.

Junto a Juan y Sonia, sus hijos políticos, compartieron hermosos momentos dentro del abrigo familiar. Trabajó durante 35 años en el área de Vialidad del Municipio donde se destacó por su compañerismo, honestidad y solidaridad.

Recordarlo con cariño y mucho amor hace que su vida no haya sido en vano. Un gran hombre…humilde y compañero, valores que hicieron de Él, al mejor esposo, mejor padre y mejor abuelo. Así de simple “el mejor”.

“Hoy el cielo recibió un ángel en todos los sentidos. ¡Te vamos a extrañar!. Dios te bendiga”, lo despidieron.

ELIDA FELICIANA CUCCI DE BARETTA

Había nacido un 3 de agosto de 1921, en el seno de una familia numerosa, desde niña tocó el piano y de adulta se recibió de maestra. Se casó en el año 1947 con Eduardo Ramón Baretta y de ese matrimonio nacieron sus dos hijos  Eduardo y Daniel, quienes con el paso de los años trajeron a las hijas políticas Susana y Alicia y al tiempo sus nietos Martín, Marcelo y Diego y luego sus bisnietas María Jesús, Faustina Trinidad e Isabella quienes fueron la alegría suya cuando la llamaban “Bisa”… Hace unos pocos días,  el pasado 17,  se fue de esta vida con la misma tranquilidad como la había vivido… Besos al cielo.

DEDICATORIA:

Y no… no tuve una abuela normal, llegar a su casa,  recorrer el zaguán sabiendo que te vas a encontrar con un universo extraordinario de sonidos, del cual no podes escapar.

Pellegrini 1059, el departamento arriba del garaje…justito arriba de la casa de don Eduardo Baretta y doña Liri Baretta, ahí nací yo.

Resbalar en el piso del zaguán cuando entraba a su casa era solo un juego, pero el verdadero desafío era encontrar a mi abuela dentro de su propia casa. A la entrada ya te encontrabas con un piano; piano que la acompañó desde sus 8 años. Ahí ya había un mínimo de dos alumnos, dos o tres más en otro piano en otra habitación, en la galería de la casa, las manos elevándose en la sincronía perfecta de la teoría y el solfeo, y por si fuera poco, unas dos o tres guitarras equilibradas en esa sintonía. Llegando a la cocina te la encontrabas a ella cocinando, en medio de un par de acordeones. Todo sonando a la vez en un perfecto unísono de diferentes melodías que hacían que tu pie marcara el pulso y el acento sin haber tomado alguna vez clases de música.  Ahí yo tomaba la leche.

¡Fa sostenido! Gritabas desde la cocina, tal vez corrigiendo al alumno que más lejos tenías; tu oído escuchaba todo.  Tenías todo bajo control, porque si algo que te sobraba era carácter y eso lo saben bien tus alumnos.

Cuando terminabas de cocinar alguna galletita o torta, tus alumnos, eran los probadores oficiales.  Creo que eso te hizo especial para muchos, tu exigencia y profesionalismo,  mezclado con un poco de calor de hogar.

En esta ciudad con alma de pueblo se nos hace inevitable entrar en alguna casa o negocio, y que no te hagan la famosa pregunta… ¿Baretta? ¿Qué sos de la señora que toca el acordeón? Y eso poco a poco fue formando parte de nuestras vidas hasta el día de hoy.

Me senté más de una vez al piano, para aprender música con mi abuela, pero en casa de herrero…cuchillo de palo diría el dicho… era mi abuela, con los abuelos uno hace otra cosa, ¡no estudiar! Mi  camino por la música entro por otro lado. Pero si hay algo que me enseñó sin que se diera cuenta, que ella me marcó un camino… la pasión que tuvo por lo que amó hacer, llevar la música a lugares impensados y ponerla bien alto, hizo de ella la persona que la gente quiso siempre ver y escuchar. Compartir arte siempre.

Tuve el placer de compartir escenarios con ella miles de veces, tanto en la música como en el teatro…  A veces sentía que su talento era eterno e interminable y  hoy lo siento más que nunca. Sus sonidos van a quedar eternamente resonando en los laberintos auditivos de aquellos que tuvieron el placer de escuchar tu pasión y alegría de siempre. Te amo… DIEGO.

MODESTO RODOLFO HEER (NEGRO HEER)

“Negrito, te fuiste, no sin antes hacernos estallar los oídos de historias: de tus años de trabajo, de todo lo que sabías y conocías (y lo que inventabas), de tu vida con la abuela, a la que desde hace unos años le rendís un homenaje de palabras y que ahora te fuiste a buscar.

Me cuesta hablar en pasado, todavía tengo fresca tu voz y un `al recontra pelo´ siempre latente. Fuiste un apasionado por la historia del país, un rosista extremo, coleccionista de capillitas, traficante de radios (ja), devoto ferviente del norte argentino”, lo recordaron sus seres queridos a Modesto.

También lo definieron como un amante de la familia y del trabajo, de la empresa que hace muchos años fundaste, de la lectura y de la comida -picante-. Es verdad que disfrutó comiendo y tomando, y se divertían con él  hasta las lágrimas, con su humor ácido y ese permiso que tiene la gente cuando llega a cierta edad de decir lo que quiere.

Hace una semana que se preguntan quién le va a dar rating a Bonanza y se va a quejar porque los capítulos son repetidos. Quién va a rezongar por el precio de todo y porque la jubilación es una miseria.

Aunque siempre peleador y renegado, era un viejo querible; aun hoy loe ven hablando de la Chicha, su metejón, con la boina, el bastón, las deportivas en los pies y la camisa rosa y, automáticamente, ablandas 93 años de seriedad, de foto en blanco y negro con bigote, el ceño fruncido y una postura severa al lado de un camión.

“Quiero eternizar este momento, te aprieto la mano de nuevo, te doy un beso en la frente, me quedo con las ganas de otro mate y te dejo ir. A paso ligero, con urgencia, sin quejas ni dolores te veo subiendo esa escalera más alta que la de Avellaneda para reencontrarte por fin con la abuela”.

ANTONIA NELIDA CASTRO

Sus hijos se quedan con su sonrisa y los hermosos momentos vividos. Estará por siempre en sus corazones, y la recordarán con mucho amor, tanto sus hijos, como  hijos políticos, nietos, nietos políticos y bisnietos.

Nota proporcionada por :

  • ElEcodeTandil

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