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Necrológicas

EMILIO MÁRMOL GAGEY

Emilio Mármol Gagey, “Milo” para muchos, nació en San Rafael (Mendoza) el 19 de marzo de 1924. De espíritu inquieto, desde chico realizó actividades en los Boys Scouts del colegio de Salesianos, participaba de diferentes asociaciones como la Alianza Francesa, y cuanta actividad se le presentara en su amado San Rafael.

Se recibió de maestro en la Escuela Normal de dicha ciudad, pero no ejerció la tarea en forma oficial. De muy joven, comenzó a trabajar junto a empresas inglesas vinculadas con el Ferrocarril, exportando frutas secas y demás.

A la edad de los 23 años, se casó con Élida Fortunato y pronto se fueron a vivir a un campo que habían comprado en la zona de Malargüe (al sur de la provincia de Mendoza). Allí llegaron con su hijo mayor, Emilio, y junto a los abuelos Emilio y Josefa. Vivieron por ocho años, naciendo allí Eliana, Patricia, Merry y Alejandro.

Fue en ese campo, Calmuco, donde vivió numerosas historias que a lo largo de su vida lo acompañaron. Fue allí, junto a su esposa, donde actuaban como maestros, enseñando a chicos de la zona, hijos de puesteros y fue allí que algunos de sus hijos conocieron las primeras letras. También ofició como Juez de Paz.

En 1957, con Alejandro aún siendo un bebé, se volvieron a San Rafael, donde trabajó en bodegas, maquinarias agrícolas y como martillero. Vivieron hasta en esa ciudad mendocina hasta 1960, cuando por motivos laborales se trasladaron a Monte Grande, ya que ingresó a una empresa de maquinarias agrícolas internacional, en la que permaneció por 21 años.

Viviendo aún en Monte Grande nació Luly, la menor de la familia, y en en 1964 llegaron a Tandil, asentándose en esta querida ciudad hasta sus últimos días. Aquí desplegó diferentes actividades políticas en el partido Demócrata Cristiano y Radical, su lucha siempre buscando la mayor equidad social para todos; en lo social actuó en el Rotary Club, clubes Independiente, Uncas Rugby Club e Hípico, en el Radio Club de Radioaficionados. Estuvo junto a su mujer en los años 60-70 en el Movimiento Familiar Cristiano y los niños Exploradores, en acciones ecuménicas y solidarias.

Siguió realizando algunos cursos de historia en la Facultad de Humanidades en la Universidad Nacional del Centro, ya de grande.

Amante de la naturaleza, la lectura y de la química. La tecnología lo agarró grande, pero no se amilanó y aprendió a usar la computadora realizando numerosos escritos. Amaba caminar muchas cuadras por día y la bicicleta fue su medio de movilidad hasta muy avanzada edad.

“Papá, nos enorgullece el camino que has recorrido y nos has dejado. Sabemos que donde estés, estarás abriendo nuevos caminos y estarás informándote de nuevas cosas para hacer. Que descanses en paz y que nuestro cariño te acompañe siempre”.

GUSTAVO EDUARDO PETERSEN

Gustavo Eduardo Petersen nació el 1 de julio de 1948, en la ciudad de Tandil. Transcurrió su infancia y juventud entre el barrio de avenida Santamarina y Mitre, y el campo de su familia en Tedín Uriburu. Fueron sus padres Antonia Conde y Gustavo Mathias Petersen; su hermano Matías  Guillermo y su prima Elena Tapia.

Cursó sus estudios primarios en el colegio San José y el secundario en la Escuela Técnica 1 “Felipe Senillosa”. Estuvo abocado un tiempo a tareas rurales, para luego desempeñarse como empleado en Metalúrgica Tandil durante varios años y finalmente, integrar la Sociedad Anónima de Transportes 9 de Julio como chofer durante 36 años (en el interno número 8) y socio, donde fue miembro del directorio hasta el día de su fallecimiento, ocurrido el pasado 7 de septiembre.

En forma simultánea, siguió desempeñándose como productor agropecuario.

Comenzó a formar su familia en 1972, cuando se casó con Noemí Ángela Brugger. Del matrimonio nacieron cuatro hijos: Gustavo, Virginia, Federico y Mariana. La familia se aumentó con la llegada de sus hijos políticos: Belén, Walter, Maira y de sus  nietos, Gustavo Emilio, Lautaro, Martina y Valentina. Completan el grupo familiar sus cuñadas Susana Pizzo, María C. Brugger, sus sobrinos: Silvina y Matías Petersen,  Pablo, Jorgelina, Juan Ignacio y Luciana de Diego y sus sobrinos nietos.

Fue una persona muy querida y apreciada por sus amigos, conocidos, vecinos y compañeros de trabajo, además de toda su familia. Le encantaba la vida en el campo como así también conducir y la mecánica del automotor. Trabajó muchísimo para y por su familia, desempeñándose durante largo tiempo en dos trabajos simultáneamente.

“Nos transmitió muchos valores, entre ellos la dignidad por el trabajo, el respeto hacia el prójimo, la honestidad y la humildad. Nos instó a aprender, emprender y a valernos por nosotros mismos.

Todos te vamos a extrañar muchísimo, y rogamos a Dios te tenga en su presencia, te colme de paz. Guíanos y danos fuerzas para seguir adelante con tu sueños y los nuestros”.

CARLOS JORGE ALFREDO PAZ (CACHETA)

El pasado 4 de septiembre falleció, en Tandil, Carlos Jorge Alfredo Paz, causando su deceso un profundo dolor no sólo entre sus familiares y amigos sino también en el ambiente deportivo de la ciudad, al que estuvo muy vinculado durante muchos años.

Carlos, “Carlitos”, “Titi” (como le decía su madre), “Cache”, “Cacheta”, “Cachetón”, “Gordo” eran como lo conocían en distintos lugares. Nació el 17 de noviembre de 1961, en Tandil, y era hijo de Erminda Estela Paz, hermano de Mario, Verónica, Mónica y Estela. Amante de los ñoquis, del asado con amigos, las cenas en familia con hijos y nietos.

Desde muy temprana edad “Cache” estuvo vinculado con el mundo del deporte, apasionado como pocos, y durante gran parte de su vida, dedicó su tiempo al boxeo y el fútbol. En principio, surgió como pugilista en el campeonato de los barrios que llevó a cabo el club Defensa Tandil. Entrenado por su primo Ángel “Vasco” Alcívar, representó en los años 90 al club San Martín, destacándose en su categoría medio pesado.

“Cacheta” nunca se alejó del boxeo. Trabajó con varios entrenadores de la cuidad. Fue organizador de veladas con peleas amateurs, las que se llevaron a cabo en el Gigante de la sociedad de fomento Unión y Progreso.

Era profesor de boxeo en la Quinta La Florida, organizaba grupos de chicos para entrenamientos disciplinarios. Su misión siempre fue que se reconociera al boxeo como un deporte para sacar a los chicos de la calle y que descarguen su potencial en cada entrenamiento.

En el mundo del fútbol, estuvo como masajista y jugador, trabajó y participó en varios clubes de la ciudad, en particular en Ferrocarril Sud, aunque su eterno amor del corazón fue Excursionista. Pasó por Velense cuando el equipo jugó por primera vez, en el año 2009, un certamen regional.

Integró equipos de veteranos, incluso tuvo su propio equipo con niños entre 9 y 13 años a los que el apodaba “los elastiquitos”.

En los torneos reducidos, veteranos y fútbol agrario su puesto de arquero lo identificó, aún se escucha en el aire la frase “guarda las muelas”, cuando salía para atrapar una pelota. Hasta el año pasado estuvo en Colonia Mariano Moreno, dentro de la Liga Agraria.

Sus hijos Karina, Paula, Germán, Hugo, Santiago y Carlos llevan el recuerdo con gran afecto de su padre y el legado que les dejó, el ser amiguero, compañero, apasionado y hacerle frente a cada obstáculo que la vida pueda ponerles en el camino.

Amado por sus amigos de la vida, del fútbol, del boxeo, de la calle, amado por sus hijos, nietos y su pareja Marcela.

“Cacheta” selló con gran pasión todas sus actividades, activo, amigo y emprendedor, y el deporte, sus amigos y familia le reconocerán por siempre.

Nota proporcionada por :

  • ElEcodeTandil

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