Necrológicas
V HÉCTOR OSCAR ALGAÑARAZ
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailA los 66 años partió a un lugar mejor, dejando una tristeza enorme en los corazones de su familia.
Héctor nació en Balcarce, ciudad donde pasó su infancia y adolescencia. A los 23 años se vino a vivir a Tandil, donde trabajó durante 30 años en Cretal y formó su familia. Fanático del fútbol, era seguidor entusiasta del Club Atlético River Plate y, además, un excelente cocinero según quienes pudieron disfrutar junto a él inolvidables comidas.
Sus hijos Sandra, Ignacio y Soledad lo recuerdan como un padre excelente, y también permanecerá con cariño en la memoria de su nuera Nataly y su yerno Pablo. Fue hasta el final el compañero de Katy, su amada esposa, y el abuelo de Rodrigo, Sofía, Josefina, Thiago y Maia, que lo extrañan mucho.
“No podemos creer que Dios te haya llevado, pero por una razón lo hizo. Siempre vivirás en nuestros corazones, no alcanzan las palabras para explicar la buena persona que eras. Nos volveremos a ver, papá”.
V CRISTINA TIPALDI VDA. DE ASTUDILLO
El día 25 de julio pasado falleció a sus 97 años. Había nacido en Junín el 11 de noviembre de 1921 y se trasladó junto a su madre y hermanos a la Ciudad de Buenos Aires en su juventud.
Fue la segunda de siete hermanos a los que sobrevivió. En 1952 comenzó a formar su familia en la ciudad de Azul con José Eloy Astudillo con quien se estableció en Tandil hasta su fallecimiento.
De esa unión nacieron sus dos hijas, María Cristina y Sara Beatriz. Acrecentó su familia su yerno Antonio Roberto Guanella (f) con quien tuvo la mejor de las relaciones familiares. Luego llegó su nieto Sebastián Guanella, su nieta política Natalia Otranto y tres meses antes de su partida su bisnieto Lautaro Guanella, con quienes compartió sus momentos de más felicidad.
“Las manos de mi madre me representan un cielo abierto y un recuerdo añorado trapos calientes en los inviernos. Las manos de mi madre llegan al patio desde temprano, todo se vuelve fiesta cuando ellas vuelan junto a otros pájaros. Arde la leña, harina y barro, lo cotidiano se vuelve mágico”.
V LUCIO GABRIEL MENDIETA
El pasado 31 de julio falleció en Tandil a los 82 años, causando su deceso una profunda tristeza entre sus seres queridos y amigos.
Nació en la vecina localidad de Rauch como hijo único y vivió casi toda su vida en el campo, en el paraje El Destino. Hincha de River y “vasco porfiado”, su hija Patricia recuerda con alegría que le construyó el único barrilete que tuvo -con serios problemas de aerodinamia-, y las jornadas de pesca en el arroyo Los Huesos.
Sus enseñanzas y honradez permanecerán para siempre en las personas que tuvieron la fortuna de tratarlo y conocerlo, sobre todo en sus nietos que lo llenaban de orgullo.
Con una personalidad activa, era un buen vecino de su medio que participaba de variadas instituciones: Asociación de residentes de Rauch, UCR y Cooperativa Agropecuaria de Rauch, demostrando compromiso con el otro y con sus sueños e ideales.
Gran contador de historias, la veracidad de las mismas era difícil de comprobar porque todos los testigos de los episodios ya habían fallecido, pero siempre amenizaba con sus relatos las conversaciones.
Su hija Patricia eligió despedirlo con estas palabras: “Él era mi héroe y yo era lo era para él. No poder verlo más es el dolor más porfiado que he sentido, me persigue a todas partes. Me dejó una hermana que es un tesoro para mí. A mi papá yo le decía que lo amaba y él me respondía ‘bueno”, porque no le habían enseñado a decir lo que sentía. Era el mejor padre del mundo, se lo pude decir, tal vez no era cierto, pero lo era para mí. Tenía los ojos más lindos que he visto, espero algún día volverlos a ver”.
V MIRIAM NÉLIDA LEONE DE GOYENECHE
Falleció el 29 de julio a los 62 años, dejando un hondo recuerdo en su esposo Juan; sus hijas Marianela, Mirna y Denise; sus hijos políticos Raúl, Luis y Luciano; y sus nietos Milena, Tiara, Tobías, Alejo, Christian, Juan y Constanza.
Juan la evoca como la “Negra”, su buena compañera de vida, a quien llevará siempre en sus recuerdos, profesando una gratitud infinita por la familia que juntos supieron construir y por lo buenos momentos transcurridos a lo largo de su vida en común.
Sus hijas abrigarán la presencia de su madre en sus corazones con una “gracias” gigante que se eleva hacia la eternidad.
“Siempre estarás en cada paso que demos recordando tu sonrisa y tu amor. Vuela alto, hermosa mujer”
V HÉCTOR RUBÉN GONZÁLEZ “GALLEGO”
El “Gallego”, como todos le decían, nació en Tandil el 24 de abril de 1953 y toda su vida transcurrió en la ciudad, en la zona de “La Tandilera”, por la calle Argerich.
Padre de tres hijos, perdió a su hija menor, Florencia, y a su pequeña nieta Tatiana hace 11 años en un trágico accidente. Su alma nunca se recompuso de tan triste pérdida, pero siguió adelante por su familia.
Jubilado de Metalúrgica Tandil, donde se desempeñó durante décadas como empleado, nunca dejó de trabajar y en los últimos años se dedicó a manejar un camión.
Le gustaba ir al bar Varela 99 a jugar a las cartas y compartir un momento agradable con los parroquianos alrededor de la mesa, un ritual que teñía de alegría su cotidianeidad.
Sus hijos Marco y Luciana, sus nietos Carlitos, Thiago y Santy, y su nuera María Paz, eligen recordarlo con mucho cariño a través de estas palabras: “Te fuiste y dejaste un vacío enorme en nosotros. Te vamos a recordar con errores y virtudes, tristeza y alegría. Fuiste una gran persona pero por sobre todas las cosas fuiste, sos y será un padre y abuelo ejemplar”.
