fbpx Efecto mariposa – El Eco
¿Ya tenés una cuenta?
Inicia sesión
¿Aún no te registraste?
Registrate gratis

Efecto mariposa

El Eco

“El aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo”.

Este proverbio chino junto a las investigaciones del matemático y meteorólogo Edward Lorenz, son el origen de una de las más extravagantes teorías físicas: el efecto mariposa.

Para graficarlo de algún modo, este concepto vinculado a la Teoría del Caos explica a grandes rasgos que el revoloteo de un insecto en China puede desatar una tempestad en México.

En sus fundamentos, Lorenz indica que una variación mínima en el inicio de un sistema, puede crear efectos adversos en el corto o mediano plazo. Su enunciado quedó determinado en una de las investigaciones sobre previsiones climatológicas que culminó por redondear decimales y desató un final inusitado.

Sin ahondar en precisiones podría inferir en que simplificar o desestimar ciertos datos conduciría a sembrar el germen de una vorágine inesperada.

Ahora bien. Más allá de su noción holística, las teorías y paradigmas en general pueden tanto elevar una hipótesis como descartarla hasta producir su caída.

No todo está en duda ya que existen normas irrefutables. Como la Ley de la Gravitación Universal por la cual Newton explicó con términos algo más apropiados que en definitiva todo lo que sube, baja.

Sube y baja como un ascensor. Aunque a decir verdad, no todos los elevadores logran hacerlo con la velocidad y el normal funcionamiento que deberían tener. Como los del Hospital Ramón Santamarina.

Seguramente aquellos que se informan por este u otros medios  conocerán que el estado de los ascensores del nosocomio público, por estas horas están bajo el reclamo de los usuarios como también en el debate de los ediles en el Concejo.

Las desgastadas máquinas no solo hacen las veces de transporte para pacientes, profesionales y visitantes que deben trasladar su humanidad sobre este montacargas sino que además, es utilizado para movilizar aparatología de punta.

A simple vista y sin entender absolutamente nada sobre los procesos químicos que se dan para que un objeto metálico llegue a su punto máximo de corrosión, diría que las paredes laterales que encajonan el elevador no soportaron el proceso de cataforesis y el piso parece flotar desprendido de la estructura.

Pedidos de informes, imágenes que alarman, quejas de usuarios, notas periodísticas, reparaciones mensuales, semanales, diarias, licitaciones truncas. Pasaron por todo tipo de requisa y avistamiento pero al parecer el problema es más estético que funcional y no revisten, al decir de las autoridades,riesgo alguno.

Ahora ¿quién se lleva la medalla de oro en el podio de las causas del visible deterioro de estos aparatos?. El dólar. La moneda extranjera que incumpliendo la mismísima ley newtoniana, escala enardecida tras la crisis cambiaria. La divisa subió y el recambio cayó.

A estas alturas uno ya no sabe si debe culpar a la macroeconomía o al microclima político y social que puso en evidencia que los elevadores del hospital se encuentran en terapia intensiva. Una paradoja.

Ofrecen una imagen anacrónica y sobreviven a la desidia propia de aquello que se buscó mantener, que resignó su tiempo en detrimento de otras prioridades y que hoy se sacude (literalmente) y chirrea pidiendo atención acuciante.

Los funcionarios de turno encargados de brindar las explicaciones técnicas ensayan técnicas de explicación para llevar tranquilidad sobre esas máquinas que han envejecido junto al centenario nosocomio y cuyo diagnóstico es irreversible.

Una fotografía que ya la vimos. Un Estado que invierte recursos millonarios aunque no siempre de manera eficiente para sostener la infraestructura en salud pública. Cuando no es la falta de fondos, son las decisiones tardías.

Volviendo a Lorenz y a su teoría del caos un raudo análisis me lleva a pensar que la misma complejidad y burocracia del sistema, hacen que una necesidad perentoria quede atada a los avatares de una variable que mide solo por pérdidas y ganancias económicas. Decimales, digamos.

Aún hoy los ascensores suben y bajan a pesar de su errático andar. Pero para bien de todos esperemos que su marcha no se encuentre atada al simple aleteo de una mariposa que Natura no permita, se le ocurra salir de su capullo en alguna latitud del mundo.

Nota proporcionada por :

  • ElEco

Deja un comentario