Lautaro Llanos no murió “por el destino”, lo mató la insensibilidad
:format(webp):quality(60)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/09/accidente_ruta_226.webp)
Lautaro Llanos perdió la vida a los 31 años. Una muerte injusta y anunciada. La parca llamó a su puerta en el tramo céntrico de la ruta, a la altura de la calle Buenos Aires. Y es obvio, ¿cómo no se va a matar la gente en ese cruce? Es como circular por la avenida España, desde el número cero, de punta a punta y sin ningún semáforo. ¿Alguien se lo imagina? Bueno, es exactamente lo mismo.
Es un caso tan claro, que el Estado debiera responder por inacción, por incumplimiento de los deberes de funcionario público. Las muertes allí, se vienen sumando por decenas pero a nadie le importa. Y en el engendro llamado “redes sociales” pululan como moscas las oscuras golondrinas y las caras extrañas, “con su limosna de alivio a mi tormento”.
“Q.E.P.D.”, publican algunos. “Qué pena”, escriben otros. O sea, se lavan las manos, sin peticionar ante las autoridades. Pero hay peores. No son personas, son desperdicios humanos que se las ingenian para culpar al muerto. “Los motociclistas andan sin casco” o “se meten por cualquier parte”. Lo mismo ocurre cuando matan a una mujer en casos de atroces femicidios. “¡Cómo no se dio cuenta a tiempo…! Se buscan la muerte!”.
Y están también los “inyenieri”, que tan bien describía el humorista Juan Carlos Calabró en los setenta. Proponen “un puente elevado”, o que “la ruta debe quedar arriba y el tránsito urbano debajo”. Se dan el gustito amargo de aprovechar la muerte para gritarle al mundo que son unos “bochos”. Y aunque no son bochos, saben muy bien que ni antes ni ahora los gobiernos invertirán en estas obras multimillonarias. Por lo tanto, los muertos continuarán y se seguirán contando por decenas. Pero no les importa. No tienen alma ni corazón. Se sienten felices por haber escrito esas dos líneas por las cuales se creen genios que dicen “la justa”.
Treinta años atrás publicamos nuestros primeros artículos pidiendo semáforos, veredas y cordón cuneta en el tramo céntrico de la ruta 226, por ser la única obra factible en cuanto a los costos. Y de paso, eso serviría también para tener un Tandil unificado y no dividido de manera horrible, como actualmente acontece.
Este joven fallecido, era trabajador municipal del área de Vialidad. ¡Qué justo! En su juventud de laburo y de sueños, más de una vez habrá pensado que esa ruta no es tal. Que se trata de la avenida más peligrosa del mundo y habrá que intervenirla de manera urgente. Se nos responde que “el espacio pertenece a la Nación”.
Sin embargo, por todos los rincones del país hay semáforos en rutas provinciales y nacionales, desde hace muchísimos años. A esta altura, todos saben que es imposible e irrisorio esperar la respuesta del Gobierno nacional. No porque no haya plata, sino porque no les importa. La vida y la muerte son números, para ellos. Hagamos la obra nosotros, ¡YA! Si tenemos que poner un manguito por habitante durante unos cuantos meses, lo firmo en este instante. Y coloquemos semáforos entre el Campus Universitario y la Ruta 30. Urgente. Porque a Lautaro no lo mató el destino, lo mató la insensibilidad.