De vacas a casas y cuadros insólitos, así eran los primeros remates en Tandil
En 1826 se realizó la primera subasta pública en la ciudad. Décadas después, los avisos de los martilleros prometían grandes negocios, ofrecían obras de arte con fechas imposibles y hasta aseguraban que una quinta podía convertir la vida matrimonial en un paraíso.
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La primera subasta pública en Tandil tuvo lugar por orden del coronel francés Federico Rauch, en noviembre de 1826. En aquella oportunidad, puso en venta 534 vacas tomadas a los aborígenes, todas orejanas. Al parecer, no le habrá costado mucho al subastador hablar de las bondades de los animales para que el vecino Pedro Ponce echara mano a la faltriquera y desembolsara 5.577 pesos, a razón de poco más de diez pesos por vacuno. Tampoco habrá resultado difícil convencer al comprador de que se llevara otras 137 vacas mancas por 137 pesos y 15 yeguas sanas a dos pesos cada una.
Pero cuando, 52 años después, precisamente el 25 de abril de 1878, se puso a consideración del mejor postor el primer inmueble donde había estado el templo, en la esquina de Pinto e Yrigoyen, frente a la plaza Independencia, seguramente el martillero Manuel Suárez Buyo debió sacar a relucir sus mejores argumentos para convencer a los eventuales compradores de las aptitudes del lote.
"La situación del terreno es inmejorable", decía un aviso publicado por el semanario "El Porvenir", el primer periódico impreso que tuvo Tandil, el 6 de ese mismo mes. Y agregaba: "Nunca, o por lo menos difícilmente, se presentará una oportunidad como esta. El bien a subastarse hace cruz con nuestra hermosa plaza y está frente a la manzana reservada para mercado y edificio público". La referencia aludía a la esquina de San Martín y Rodríguez, donde en 1881 fue emplazado el primer Mercado Municipal de Abasto.

