La historia del adoquinado en Tandil: cómo se pavimentaron las primeras calles de la ciudad
Desde la obra pionera en la 9 de Julio en 1881 hasta las donaciones de los canteristas en 1913, un repaso por la transformación del tránsito urbano en Tandil.
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El adoquinado céntrico de la 9 de Julio fue el primero de la ciudad. Data de 1881, cuando era jefe de la administración comunal el doctor Eduardo Fidanza. Si bien Tristán Gómez, su sucesor en el mandato, realizó obras importantes para el pueblo —como la demolición del viejo cementerio, el retiro de los corrales para el abasto ubicados en la hoy plaza Moreno, la construcción de la cárcel junto a la Casa Municipal y el mejoramiento de la plaza Independencia con la instalación de una fuente de agua, molino y tanque para el riego—, no avanzó mucho en cuanto al tránsito urbano.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailRecién su sucesor Pedro Dufau, primer intendente de Tandil, le dio un verdadero impulso al empedrado. Una de las primeras medidas que tomó al asumir en el Departamento Ejecutivo Municipal, el 16 de enero de 1886, fue ordenar la pavimentación de 35 nuevas cuadras (14 de empedrado mixto y 21 de adoquinado). Para ello, designó una comisión de vecinos integrada por Ramón Santamarina, Joaquín Rivera, Ramón Gómez, José María Sampaul, Alberto Speroni y el médico José Fuschini, quienes junto al agrimensor municipal Bernardo Sabattè Laplace vigilaron la obra.
Durante la administración siguiente, a cargo de José Gabriel Almada, se empedraron ocho cuadras, sumando 43 las realizadas en el ochocientos. Después vino la intendencia a cargo de Federico Demarchi, a comienzos del novecientos, la que agregó otras cuatro, siguiéndole la de Emilio Vivot con diez. Habrían de ser las gestiones correspondientes a Eduardo Arana en 1911 y a Antonio Santamarina a partir de 1912 las que elevaron esa cantidad a más del doble: el primero hizo construir 40 y el segundo 75, llegando a 172 las cuadras pavimentadas en el primer cuarto del siglo pasado.
