Los uniformados que dieron su vida por cumplir el deber en Tandil
Desde el comisario Vicente Lezama hasta el oficial Carlos Alonso, un repaso por los uniformados de Tandil que perdieron la vida en cumplimiento del deber, honrando el compromiso de quienes entregaron todo por proteger a la sociedad.
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Después de los trágicos episodios registrados el primer día de enero de 1872, cuando el vecindario armado persiguió, capturó y puso en manos de la justicia a los asesinos de 36 personas inspirados por el célebre Gerónimo Solané (Tata Dios), tal vez el enfrentamiento más cruento de las fuerzas del orden tuvo lugar en 1904. Estaba la Comisaría entonces en la parte posterior de la Casa Municipal, cuando fue tomada por obreros de las canteras con el ánimo de liberar a compañeros detenidos por orden judicial. Eran ocho policías y se contaban por cientos los atacantes. Producido el tiroteo, cayó un vigilante y un canterista. El comisario Vicente Lezama recibió un balazo en el cuello.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailPero no fue este el único caso sangriento que debió afrontar la policía local con el andar del tiempo. Hubo otros en los que los uniformados ofrendaron el más caro tributo: el de sus vidas, a manos de delincuentes o en cumplimiento de otros actos de servicio.
Corría el año 1929, cuando el subcomisario Armando Berutti cayó bajo las balas homicidas de un delincuente en la Estación del Ferrocarril, cuando se aprestaba a intervenir en prevención de un delito. El agente Alberto Hernández, encargado del Destacamento de De la Canal, era abatido después —un sábado de abril del 33— por el célebre asesino Carlos Oscar Giménez (Pólvora). A los agentes Manuel Rivas y Aníbal Annal los ejecutaban dos años más tarde, el último día del 35, en el trágico episodio del campo San Lorenzo, en el que fue asesinado también el colono José Fustel y herido el cabo Pedro Pacheco.
