El ser tandilense: una identidad que evoluciona sin perder su esencia
El psicólogo local Francisco Araujo Pumé reflexiona sobre los rasgos que distinguen a la ciudad y a quienes la habitan. La influencia del paisaje, el sentido de comunidad, las costumbres y los desafíos de una identidad que cambia con el paso del tiempo, pero conserva valores que siguen definiendo el ADN tandilense.
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Hay algo que solo se descubre cuando uno se va. No aparece en las postales del Lago del Fuerte, ni en las caminatas por las sierras o en las fotos de la Piedra Movediza. Es una sensación más profunda, difícil de explicar, que tiene que ver con la manera en que un lugar termina moldeando a quienes lo habitan.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailPara el psicólogo tandilense Francisco Araujo Poumé, esa identidad no está escrita en piedra. Se construye todos los días, se transforma con el tiempo y también puede comprenderse mejor desde lejos. Hoy vive en Barcelona, donde realiza un máster en Psicología Infanto Juvenil, pero reconoce que la distancia fortaleció su vínculo con la ciudad en la que nació.
"La identidad de una ciudad no es algo estático. Se va construyendo y modificando constantemente. Tandil, con sus costumbres, su historia y su entorno, hace que las personas se amolden a esa esencia. Incluso alguien que nació en otro lugar puede sentirse tandilense si logra apropiarse de lo que representa vivir acá", explica.
