El crimen del burdel de Sarmiento: una historia de poder, dinero y traición
La muerte de Alfredo Ramírez, un hombre vinculado al negocio de la prostitución, desató un caso rodeado de sospechas, encubrimientos y versiones contradictorias que perduraron durante décadas.
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Los elementos de malvivir que al amparo del oficialismo habían echado raíces en Tandil a comienzos de la década del treinta encontraban en el burdel ubicado en Sarmiento 344 un amplio campo para sus operaciones al margen de la ley. El negocio apuntaba a la diversión, aunque sin escrúpulos. Algunos calificaban a la casa —de la que era propietario un agente de policía de apellido Tapia— como de "ramos generales", porque allí se ejercía de todo, día y noche: desde la timba, la taba y la prostitución, actividades matizadas no pocas veces con tiros y cuchilladas que alguna vez terminaron con un muerto.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailFrecuentaba allí lo más granado del hampa. Y no faltaba nunca, desde luego, algún incauto al que desplumar en alguna de las múltiples actividades que allí se desarrollaban. El día previo a la Nochebuena de 1932, desde hora temprana, una treintena de individuos despuntaba el vicio arrojando el hueso; otros jugaban a las bochas. Todo transcurría sin problemas. Ningún enojo de los que eran habituales se había producido en el juego hasta que, respondiendo a una invitación especial que le habían hecho llegar los hermanos Furchi —tratantes de blancas y estrechos colaboradores de quien regenteaba la casa—, concurrió al lugar un tal Alfredo Ramírez.
Hombre de unos treinta años, con estudios universitarios, pertenecía a una familia acaudalada de la Capital Federal. Su padre era un teniente retirado del Ejército que tenía un próspero establecimiento ganadero en Tres Arroyos. Hermano de médicos, era sobrino, inclusive, del general Pedro Pablo Ramírez, quien diez años más tarde se convertiría en el segundo presidente de facto del país (1943-1944), durante la llamada Revolución del 43. El hombre había abandonado estudios avanzados de medicina para radicarse en Tandil, donde vivía dedicado a la explotación de mujeres.
