Independiente se embarca en su decimosexta aventura nacional.¿Cómo le fue en las quince anteriores?
Tres campañas a mediados de los '90, dos regresos significativos, la experiencia TNA, el descenso de 2015, y el "sube y baja" del último lustro. Un informe minucioso sobre la historia rojinegra en el plano nacional.
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Por Fernando Izquierdo, de esta Redacción
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El viernes próximo, Independiente comenzará a transitar su 16ta. campaña en el ámbito nacional. Visitará a Ferro Carril Oeste de General Pico en su debut en la temporada 2026 de la Liga Federal de Básquetbol.
Navegando en distintos contextos institucionales y coyunturas económicas a nivel país, el rojinegro incursiona en competencias de este rango desde hace casi 32 años.
A continuación, un detallado informe sobre cómo le fue en sus quince antecedentes:
La génesis
Fue el domingo 9 de octubre de 1994 que disputó Independiente su primer juego en competencias de alcance nacional.
En su polideportivo Duggan Martignoni, recibió a su homónimo zarateño, doblegándolo por 95-82 (parcial de 44-33, en tiempos en los que el cotejo se fraccionaba en dos períodos de 20’).
Alejandro “Chihuaua” Fortes lideró el goleo tandilense con 23, secundado por Gustavo “Ruso” Fornetti, autor de 19.
En la segunda fecha, el primer clásico tuvo lugar también en el reducto de Avellaneda al 700, con los locales superando a Unión y Progreso por 84-76.
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Julián Jarque anota ante Independiente de Zárate. 9/10/94, debut absoluto de Independiente en el plano nacional.
Además de los mencionados Fortes y Fornetti, el plantel combinaba otros foráneos como el base platense Fernando Levene y el marplatense Gustavo Fortete, con elementos vernáculos como Fernando “Fideo” Cano, Carlos “Pope” Bautista, Julián Jarque y Juan Figueroa.
En primera fase, el rojinegro integró un cuadrangular que tuvo también a Lanús. Su saldo en seis fechas fue de tres victorias e igual cantidad de reveses.
Para el segundo tramo, los dirigidos por Carlos Zulberti repitieron rivales pero además se midieron con equipos como Comandante Espora de Punta Alta, Náutico Hacoaj y Ateneo Popular de Versalles.
Nuevamente, el balance fue equitativo con siete éxitos y siete reveses en catorce presentaciones.
El primer cruce de playoffs fue ante Lanús. Ambos protegieron con éxito su localía y, tener la ventaja de cancha, les dio continuidad en el certamen a los tandilenses.
Idéntica progresión tuvo la siguiente serie ante el Independiente zarateño. Ambos festejaron en su cancha durante los cinco juegos y el rojinegro pagó con eliminación no tener la localía. Así, el 26 de abril de 1995 cerró su campaña con un adverso 71-66 en el norte provincial.
La segunda
Manteniendo a su entrenador y a buena parte de su plantel (se agregaron a la rotación los bases Sebastián Bologna y Dardo Zumpano), Independiente asumió desde el 29 de octubre de 1995 su segunda participación en la extinta Liga Nacional B.
Esta vez, debut “en la ruta” y con derrota, el 94-84 sufrido ante UBA en Capital Federal.
Fue nuevamente un grupo cuadrangular en primera fase, con Lanús y Náutico Hacoaj como los restantes protagonistas.
Los de Zulberti perdieron dos de sus tres juegos en casa para un récord negativo de 2-4.
En el octogonal de segunda fase, surgieron nuevos rivales, como El Linqueño, Independiente de Zárate, Náutico Zárate y Social Ramallo, además de repetir contra los tres de primera fase.
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Alejandro Fortes, rodeado de rivales, en la derrota ante Náutico Hacoaj. Primer partido en Tandil de Independiente en la Liga B 95/96.
Con un registro de seis triunfos y ocho caídas, el rojinegro se reencontró en el primer turno del playoff con su verdugo de meses atrás, el Independiente zarateño. Aunque con desarrollo disímil (ambos golpearon de visitante una vez durante los primeros cuatro capítulos), se repitió el desenlace de un quinto juego en Zárate, con ganador repetido. El 55-51 del 10 de abril de 1996 marcó el epílogo del segundo capítulo del derrotero nacional de Independiente.
El cierre de un ciclo
El 20 de octubre de 1996, en Arrecifes, se puso en marcha el tercer periplo de Independiente en la Liga Nacional B. Fue con derrota por 82-64 a manos de Ricardo Gutiérrez.
La nueva campaña marcó cierta renovación en el plantel de Zulberti, con la llegada a la base de Pablo Zuliani y la incorporación del estadounidense naturalizado argentino Edgard Merchant, de dilatada trayectoria en diversas divisionales del medio nacional.
Dicho recambio en el perímetro se complementó con dos internos como Guillermo “Mono” De Lisi y Santiago “Toto” Stuñek, otras dos caras nuevas.
Siete días más tarde, el tropiezo en Arrecifes cicatrizó con un apretado 74-72 en Lincoln ante El Linqueño. Primero de los tres triunfos de ese cuadrangular de primera fase, también integrado por Ciclista Juninense.
El siguiente segmento marcaría un despegue para Independiente, que comenzaba a dar indicios de haber acrecentado sus apetencias en el torneo respecto a sendas ediciones previas. Así lo denunció el 9-5 de segunda fase, en la que tuvo como nuevos rivales a Vélez Sarsfield, Lanús, Náutico Hacoaj, y, como no podía ser de otra manera, Independiente de Zárate.
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Pablo Zuliani entra en bandeja y queda retratado para la tapa de El Eco de Tandil. Fue en el triunfo sobre Ricardo Gutiérrez de Arrecifes, el 2/3/97.
El 28 de marzo, en Tandil, se abrió el playoff ante Ciclista. El local ganó por la mínima y abrochó el primer punto de una serie que terminaría haciendo suya en un quinto y decisivo partido, doce días más tarde en el mismo escenario (98-88).
Ante Vélez, siguiente escollo, la historia fue diametralmente opuesta, con una barrida de los porteños que condenó a los tandilenses al repechaje (al mejor de tres partidos).
El triunfo por 2-1 sobre los arrecifeños de Ricardo Gutiérrez puso al rojinegro en el cuadrangular por el ascenso. Fueron sólo derrotas ante Lanús, Vélez y Deportivo Madryn, como desenlace para una campaña que terminó de manera adversa pero que marcó un salto de calidad respecto a las dos anteriores.
Finalizado el torneo, el club optó por bajarse de la competencia de cara a la temporada siguiente. Razones económicas decantaron en una costosa decisión deportiva que obligaba a comenzar desde cero.
Regreso
En 2007, Independiente alcanzó la final del Provincial de Clubes. Cayó en la definición por 2-1 ante Sportivo Rojas, resignando sus chances de acceder al único ascenso que brindaba la competencia. No obstante, el subcampeonato le valió una posterior invitación por mérito deportivo, que lo devolvió a la tercera categoría a nivel país.
El retorno tras más de una década se consumó el 19 de octubre de 2007, en Capital Federal, con la derrota por la mínima (91-90) en suplementario ante GEBA.
El plantel contó con permanencia de algunos protagonistas del subcampeonato nacional (Juan Ramón Aquino, Fernando Cano, Juan Pablo Trapote, Guillermo Crespo, Eber Ferros Marina e Ignacio Popp) y agregó al base Emmanuel Hartstock (tras su paso por la categoría con la camiseta de Costa Sud de Tres Arroyos), al escolta necochense “Juani” Mateo (de estadía anterior por el club en su ciclo formativo) y a un veterano “Pichi” Maglia, quien volvió del retiro y aportó una valiosa cuota de jerarquía y experiencia. Con el certamen en curso, se sumó “Fito” García Barros, otrora determinante con sus actuaciones en el Provincial.
Tras el mencionado debut en Capital, el 26 de octubre se vivió un doble hito en el Martignoni, con la inauguración del piso flotante y el regreso del rojinegro a su casa por torneos nacionales tras más de diez años. La fiesta no pudo ser completa, dado el triunfo sin atenuantes de Vélez Sarsfield sobre el anfitrión (78-61).
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Fernando Cano, ante Vélez Sarsfield, por la segunda fecha de la Liga Nacional B 2007/08. Esa noche, el rojinegro estrenó el piso flotante en su polideportivo.
“Un Perú” le costó a Independiente festejar por primera vez en esa campaña de regreso. Encadenó ocho derrotas hasta que se desahogó con un 92-82 como local sobre Estudiantes de Santa Rosa, resultado que denota cierta comodidad pero que se consumó tras un suplementario, la inevitable cuota de padecimiento a la que se vio condenado un equipo en adaptación a la categoría.
Inexorablemente, los de Zulberti estacionaron en la B-2 tras una primera fase de tres victorias y once derrotas luego de catorce encuentros, en una fisonomía de competencia distinta a aquella Liga B “noventosa”.
Su inestabilidad en la segunda etapa, puso a los tandilenses en el precipicio, obligados a conquistar el sur en su visita El Sureño-Universitario de Río Grande. La gesta que les dio la permanencia a los rojinegros fue el 13 de mayo de 2008. El 92-86 tuvo a Trapote (20) y “Juani” Mateo (19) como principales artífices en el goleo.
Consolidación
De cara a la 2008/09 de la Liga B, aunque sin grandes erogaciones, Independiente se propuso no volver a sufrir hasta el límite.
Conservó a la base de su plantel e hizo dos apuestas: Diego Sánchez y Valerio Andrizzi, ambas en el perímetro. Con el primero fue dar un paso en falso, puesto que “Demonio” apenas permaneció tres partidos y, con el alero porteño, encender la mecha de un ciclo legendario en la institución.
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Juan Pablo Trapote busca espacios para el lanzamiento. Debut rojinegro en la ‘08/’09 con victoria sobre Jorge Newbery de Carmen de Patagones.
Pese a una versión mejorada respecto a la campaña de regreso, nuevamente el destino fue la B-2 luego de una performance de 6-8, ante rivales como Ciudad de Bragado, Unión Vecinal de La Plata, El Sureño-Universitario, Ciudad de Puerto Madryn y Huracán de Trelew.
La lucha por la permanencia, para la cual ya se había sumado Darío “Búho” Arenas, esta vez no arrojó zozobra para los de Zulberti. La misión también se vio facilitada por la deserción de GEBA, que abandonó la competencia en plena segunda fase.
Jorge Newbery de Carmen de Patagones fue el primer escollo en los “mata mata”. Independiente protegió su localía pero no pudo festejar “a domicilio” y cerró su participación.
Subir la apuesta
A mediados de 2009, en el club sobrevolaba el objetivo de continuar con la escalada y asumir un papel de mayor protagonismo en la Liga B. Pero en el camino se interpuso una propuesta superadora, de mayor tentación. La eventualidad de adquirir una plaza en el TNA colocó en una encrucijada al rojinegro, ante la chance de escribir una página histórica para el básquetbol local y de emular al Grupo Universitario de dos décadas atrás, hasta ese entonces (2009) único club de la ciudad en intervenir en el segundo escalón nacional.
El sueño se hizo realidad, e Independiente se embarcó en el proyecto, con un plantel diseñado desde la ambición, pero para una categoría inferior.
Hubo permanencia de varios jugadores (Hartstock, Mateo, Trapote, Martín Trímboli y Andrizzi) y refuerzos como Pablo Israeloff, Iván Castelli y Diego Lorio (más tarde, llegaría como recambio Julián Espeche).
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TNA 2009/10. Iván Castelli, en la derrota en Tandil ante Ciudad de Bragado.
A ello, se sumaron imponderables en la búsqueda de un extranjero fiable. Landon Adler se bajó del barco antes del inicio de la competencia y James Danzey fue cortado tras dos decepcionantes producciones en Tandil y Junín. Por el resto de la temporada, quedó Joe Williams, que aportó en distintas facetas del juego pero sin completar el formulario del americano dominante que necesitaba imperiosamente dicho plantel. A la altura de las expectativas, el equipo cayó en el TNA-2.
El histórico debut en el certamen fue con una inapelable caída en casa ante El Nacional Monte Hermoso, 102-72. Y el primer triunfo llegó en la quinta presentación (sexta fecha), con el 82-67 sobre Argentino de Junín.
Desde lo anecdótico, aquella temporada dejó la deserción del Independiente neuquino, y un papelón histórico de los rojinegros que no pudieron jugar en Junín ante Argentino por no contar con el mínimo de juveniles exigido por el reglamento.
En la búsqueda de aferrarse a la categoría, los tandilenses atravesaron sobresaltos y terminaron pagando caro su magra primera fase (existía el arrastre de puntos).
La última fecha los puso entre la espada y la pared: obligados a ganar en Firmat -tras no haber logrado triunfos fuera de casa en todo el torneo- y recibir la ayuda de Oberá Tenis Club, que se medía con Asociación Italiana de Charata. El rojinegro hizo su parte, pero el triunfo chaqueño lo condenó al primer descenso en cancha de su historia.
El cierre de una era
Tras un descenso doloroso pero no traumático, Independiente regresó en 2010 a la Liga Nacional B, que tendría su última edición bajo esa denominación.
Más allá de esa cuestión meramente nominal, para el rojinegro sobrevendría -puertas adentro- un suceso mucho más significativo. Antes del cierre de la campaña, Carlos Zulberti optó por “pegar el portazo” y terminar con un ciclo ininterrumpido de alrededor de veinte años al frente del primer equipo.
Desgastado hasta el hastío por todo lo inherente a la alta competencia y la responsabilidad de un cargo que comenzó ocupando con edad de jugador, el DT dio un paso al costado y su lugar lo tomó el olavarriense Marcelo Macías, quien lo venía secundando como asistente.
En términos del plantel, la renovación fue mayúscula. Llegó el tirador bahiense Juan Manuel Ruiz, Leandro Mateo inició su primer ciclo en el club, y Alejandro Arca comenzó a cobrar protagonismo tras foguearse en Estudiantes de Olavarría. Otras caras nuevas fueron las de los bases Guillermo Rausch y Lisandro Caniza, y el juego interior se completó con Bruno Romano.
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Martín Trímboli, al ataque. Estreno en la temporada 2010/11 ante Hispano Americano de Río Gallegos con triunfo por 71-61.
Un personal más que respetable para la categoría, aunque sin tener en cuenta, durante su constitución, el mencionado contratiempo que se suscitaría en la conducción.
Una vez más, el destino fue la B-2, pese a la correcta performance de 6-4 en la primera fase.
La citada transición en el cuerpo técnico se produjo tras el 91-83 sobre Centro Español de Plottier, por la primera fecha de la segunda etapa.
La despedida de temporada se dio tras el primer cruce de playoff, en el que los tandilenses sucumbieron ante Alianza Viedma, al que sometieron en el Martignoni (81-71), sin poder repetir en la Patagonia (90-81 y 86-80).
Continuidad
Apostando a la continuidad de “Charly” Macías, Independiente encaró la temporada 2011/12 del certamen que desde ese momento pasó a llamarse Torneo Federal.
Y terminaría redondeando una de las mejores campañas históricas en citas a nivel país. El arranque marcó dos triunfos, uno en cancha y, el del debut, fuera de ella, luego de Sportivo Pilar no pueda hacer funcionar los relojes de 24”.
El plantel no presentó mayores variantes respecto al anterior, aunque en la base llegó Kevin Jerez Pilotti, un vertiginoso conductor muy certero desde el perímetro, en lugar de Rausch, y el olavarriense Gonzalo Marín se sumó como alternativa en la pintura.
Tras diez fechas, el rojinegro festejó cinco veces y se vio superado en otras tantas, compartiendo un grupo hexagonal con Estudiantes de Olavarría, Sportivo Pilar, Estudiantes de La Plata, San Lorenzo de Chivilcoy y San Martín de Junín.
En la segunda fase, ya con el talentosísimo Leonardo La Bella como encargado de manejar los hilos, el elenco tandilense tuvo como flamantes rivales a su homónimo de Avellaneda, a Vélez Sarsfield, a Ramos Mejía, al Villa Mitre porteño, a Pedro Echagüe y a Gimnasia de Villa del Parque.
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Andrizzi y Arca, asociados en el ataque. Fue en la victoria sobre San Lorenzo de Chivilcoy (87-82), por la primer fase de la 2011/12.
Fue una maratónica instancia de 18 jornadas, con saldo de 11-7, finiquitada con un notable sprint final de siete victorias al hilo, que borró todo rastro de un arranque con más dudas que certezas.
La racha se propagó hasta el Súper 4, en el que fue debut con triunfo sobre el Del Progreso (General Roca) de Hernán Montenegro (82-76), antes de ceder a manos del anfitrión Hispano Americano de Río Gallegos (81-76).
La clasificación rojinegra se selló con el 63-56 sobre Villa Mitre. Un paso más hacia el sueño del ascenso.
En playoffs, el mendocino Anzorena fue el primer obstáculo, sorteado con éxito tras caída en Cuyo y un triunfo apretado y otro categórico en Tandil.
Pero Instituto se volvería insalvable para el rojinegro, que milagrosamente hizo suyo el primer punto en casa (85-83) antes de caer sin atenuantes en sendos compromisos en Córdoba (76-65) y (86-69).
Recambio
Con la llegada de Álvaro Castiñeira, el rojinegro apostó fuerte para la 2012/13 del Federal.
Potenció su plantel con Leandro Portillo, un notable elaborador desde la posición del 2, con elevado entendimiento del juego, baja talla pero gran potencia; y un cuatro de bajo perfil pero muy rendidor como Sebastián Sevegnani. Menos suceso tuvo el alero Ariel Hillebrand. Además, comenzó a emerger el talentoso base olavarriense Santiago Dilascio, quien explotaría poco después.
Cinco victorias y tres caídas dejó una primera fase ante equipos bonaerenses como Estudiantes de Olavarría, San Martín de Junín y los platenses Estudiantes y Unión Vecinal; y otros porteños como Villa Mitre y Pedro Echagüe.
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Leandro Portillo, marcado por Renzo Diperna, de San Martín de Junín, en la 2012/13 del Torneo Federal.
La particularidad de la campaña se halla en que Independiente utilizó el mismo quinteto inicial (Jerez Pilotti, Portillo, Andrizzi, Sevegnani y Arca) en sus 24 partidos.
Tras el periplo de la segunda fase, el rival en el primer playoff (cuartos de final de la Región Sur) fue Facundo de La Rioja. Respetando un patrón habitual de la categoría, sólo hubo victorias locales y, con ello, avanzaron los riojanos, dueños de la ventaja de cancha. Sucumbieron holgadamente en el Martignoni (96-75) pero dieron vuelta la historia como anfitriones (77-73 y 78-71). Punto final para una campaña que terminó dejando gusto a poco luego de transitar pasajes que invitaron a ilusionarse con algo más resonante.
Solidez
Con la continuidad de Castiñeira y la llegada de Lucas Picarelli, un base de nivel superlativo para la categoría, el rojinegro comenzó a expresar su ambición de seguir evolucionando en sus prestaciones. Y las expectativas se colmaron con creces.
El citado refuerzo, quien tomó el lugar de Jerez Pilotti en la plantilla, se agregó a Leandro Portillo y Valerio Andrizzi para componer un tridente de lujo en el perímetro.
El juego interior conservó a Sevegnani y a un Arca en pleno desarrollo, quien terminó estableciendo, con Picarelli, una recordada sociedad que generó estragos en las defensas rivales.
La continuidad del trabajo, la capacidad de un entrenador de renombre y la calidad de las individualidades dio como resultado un equipo confiable, que trituraba a muchos de sus rivales en el Martignoni, y que disfrutaba más de lo que padecía fuera de ese escenario.
Tras una kilométrica primera fase (con desembocadura directa en los playoffs) de 28 juegos, el 19-9 colocó al equipo en un sitio de protagonismo, aunque sin eximirlo de pasar por un repechaje.
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San Lorenzo no fue dificultad como primer escollo de los cruces eliminatorios y los de Castiñeira “barrieron” la serie de reclasificación (79-69 en Tandil y 72-66 en Capital).
Otro porteño fue el obstáculo del siguiente cruce, el histórico Ferro Carril Oeste, en su búsqueda de reinsertarse en las altas esferas. El rojinegro se burló de sus pergaminos y lo batió de manera inobjetable en Tandil (87-71). El verde se tomó revancha en Caballito (75-66) y forzó el tercer y decisivo encuentro, disputado en el Duggan el domingo 13 de abril de 2014. El dueño de casa había salido airoso de los 16 partidos disputados allí en el certamen. Pero todo concluye al fin y Ferro fue el encargado de propiciarlo. Con un estelar Sebastián Álvarez, dio el golpe por 68-63 y frenó el impulso de un embalado rojinegro que volvió a quedarse con la sensación de estar para más.
Tocar fondo
En 2014, las pretensiones deportivas del rojinegro decayeron en concomitancia con un presupuesto más acotado. Ya sin Castiñeira (contratado por Ferro Carril Oeste), Picarelli, Portillo y Sevegnani, el plantel tuvo una configuración, distinta y, sobre todo, mucho más austera.
La dirigencia puso el equipo en manos del pampeano Guillermo Tasso, y el nivel de los refuerzos foráneos (Bruno Estala y Nahuel Ledesma) distó considerablemente del que venían mostrando sus antecesores. Además, se repatrió a Emmanuel Hartstock (tras larga inactividad por lesión) y a Facundo Grutzky, este último cortado antes del final de la temporada.
Con el torneo en curso y en el intento de evitar la debacle, se ejecutaron recambios con la llegada del tresarroyense Gerardo Guzmán y del también interno Luciano Togñón.
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Un ataque de Facundo Grutzky, en la caída en Tandil ante Pedro Echagüe por el Torneo Federal 2014/15.
La austeridad era sabida, pero no fue de entrada que se comenzó a palpar el riesgo concreto de perder la categoría. Hasta que el equipo incurrió en una dinámica negativa, encadenando una derrota tras otra para completar la fase regular con un 9-19 en 28 juegos (hubo siete caídas en fila antes de cerrar con triunfo ante Temperley en Tandil).
El mano a mano para eludir el abismo fue ante José Hernández, adversario al que el rojinegro había doblegado en sendos duelos de fase regular. Lo ratificó en el Martignoni (65-59 y 80-71) para ponerse match point en la serie al mejor de cinco. No pudo cerrar en Capital, recibiendo una paliza primero (89-67) y desperdiciando una chance muy propicia en el cuarto juego de la eliminatoria (66-64). Y vivió su noche más oscura el 7 de abril de 2015, cayendo en Tandil por 71-62. Un cachetazo que le hacía dilapidar un 2-0 y, sobre todo, bajarse del ámbito nacional tras una permanencia ininterrumpida de ocho temporadas.
Volver a volver
En la antesala de las Fiestas ’21, el rojinegro forjó su regreso a la tercera categoría nacional.
Al influjo de un Hartstock fabuloso y una dupla de internos desequilibrante (Arca y Gustavo “Cuti” Argüeso), brilló en el cuadrangular final de Junín como subcampeón de Racing de Olavarría (también participaron el local y Náutico de San Pedro) y se hizo de una de las plazas. Se enteró de ello (en principio, el certamen otorgaba sólo un ascenso) en plena celebración, en el marco del enésimo desaguisado de quienes conducen las estructuras basquetbolísticas en la actualidad
El golpe de escena llegó con la intempestiva salida del entrenador Nicolás Rusconi, quien pasó a oficiar de asistente del tresarroyense Raúl Bianco, nuevo líder del cuerpo técnico.
Respecto a la competencia provincial, se mantuvieron valores como Hartstock (en su última aparición antes del retiro), Arca, Andrizzi, Lautaro Lanusse y Matías “Pollo” Gutkin. Como refuerzos, se recurrió a un base talentoso pero algo discontinuo como Franco Pallotti y a la energía del necochense Lucio Haag, apto para desempeñarse como alero o ala pivote.
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Lucio Haag, posteado ante Carneglia, de Unión de Mar del Plata. Fue por la Liga Federal ’22, la del regreso rojinegro.
El arranque en la LF ’22 no fue más que un déjà vu de lo de 2007, con derrotas por doquier y una enorme dificultad para hacerse del primer festejo, que llegó recién en la décima fecha (90-76 a Colón de Chivilcoy en el Martignoni). Único triunfo de una paupérrima primera fase que se cerró con 1-14.
Colón (único rival al que venció en toda la campaña), fue el rival en el único playoff. Victoria en Tandil (95-76) y sendas derrotas fuera de casa con la consecuente eliminación (91-72 y 85-78), en el marco de un viaje complicado por una suerte de intoxicación masiva que aquejó al plantel.
Una mejora
Tras renovar su plaza desde el Prefederal, en el marco del novedoso y poco atrayente esquema “ascensor” diseñado en el básquetbol argentino, Independiente se propuso para la Liga Federal 2023 mejorar su performance del año anterior, premisa de escasa complejidad a la luz de las -apenas- dos victorias obtenidas.
Para la conducción técnica, se apostó a un segundo ciclo de Álvaro Castiñeira, el cual terminó siendo efímero. El DT siguió su carrera en Liga Nacional, nada menos que en Atenas de Córdoba. Tras dos juegos del coach porteño, tomó la posta Juan Ramón Aquino, formado en el club como jugador y entrenador.
La campaña volvió a estar signada por la derrota en su comienzo. Fueron cuatro reveses en fila (dos en Olavarría ante Racing y Estudiantes, otra en Mar del Plata ante Kimberley y la restante en casa ante All Boys de Santa Rosa) hasta el triunfo sobre Atlético Villegas (82-76, el 4 de marzo en el Martignoni).
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Balón en mano para Alejandro Arca en el poste alto. 1/4/23 en el traspié ante Kimberley.
Sólo seis triunfos en veinte presentaciones fue el saldo de la primera fase para un plantel que no encontró una jerarquía diferente en sus dos primeros refuerzos (Julián Coronel y Marcos Bustos), pero que más tarde sí logró un salto de calidad con la llegada de Justo Catalín para conducir desde la base. Además, se produjo el regreso de “Nacho” Zulberti, tras varias temporadas de permanencia en categorías superiores.
El camino llegó a su fin con la derrota ante Estudiantes en Olavarría, en una singular reclasificación a partido único que el bataraz hizo suya por 82-78.
Otra discreta campaña
De la mano de Emiliano Arce, el rojinegro revalidó su plaza en Liga Federal desde un Prefederal bonaerense.
Se recurrió a un plantel remozado, con la llegada de nuevos jugadores como Fermín Iribarren, Gonzalo Gómez Dumm, Máximo Molinari y Máximo Postiglioni. Además, luego de tanto sufrirlo como adversario, el club tandilense se hizo de los servicios del polifacético olavarriense Ariel Weisbeck.
Una vez más, el arranque fue adverso, con cinco derrotas en fila ante Independiente de General Pico, Atlético Villegas, All Boys de Santa Rosa, Ferro de Pico y Quilmes de Mar del Plata. Hubo que esperar a la sexta fecha para propiciar el desahogo, con el 91-78 sobre Kimberley, en el Martignoni.
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“Nacho” Zulberti, ante Independiente de Pico en la LF ’24.
La crisis se vio reflejada con apenas dos triunfos en los primeros once partidos y un balance total de cuatro victorias y diez caídas.
El recorrido volvió a presentar un inesperado cambio en la conducción, asumiendo Nicolás Rusconi luego de que a Arce le surja una oferta desde el básquetbol venezolano.
El cierre de campaña no fue sólo eso, dado que trajo consigo el retiro de Valerio Andrizzi, una bandera de un club en el que permaneció por casi dieciséis años.
Marcado progreso
La del año pasado fue, por lejos, la mejor temporada de Independiente desde su regreso al plano nacional, acaecido en 2022.
Previamente, bajo la conducción de “un hijo de la casa” como Emmanuel Hartstock, el rojinegro se consagró campeón provincial saldando una vieja cuenta pendiente.
Además, extendió el buen cierre de Prefederal hasta los primeros juegos de la LF ’25, en la que comenzó con buen pie hasta cerrar su larga racha de victorias consecutivas.
En cuanto a la integración del plantel, el elenco tandilense se hizo de un joven y rendidor base como Tobías Rodríguez, maduro y con temple para episodios neurálgicos de cada juego, y de Renzo Montoya, un interno más entusiasta que técnico.
En Avellaneda al 700, sucumbieron los nicoleños Belgrano (76-60) y Somisa (83-67), y el prometedor arranque tuvo su correlato en La Plata con el 69-56 sobre Estudiantes. Al día siguiente, siempre en la capital provincial, los de Hartstock estuvieron a nada de poner cuarta, pero Atenas se lo llevó por la mínima (71-70).
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Ariel Weisbeck, en acción ante Ferro de General Pico, el año pasado.
Fue el punto de partida para una racha aciaga, de seis derrotas al hilo (completada con caídas ante Independiente de Zárate, Centro Basko de Necochea, Belgrano, Somisa y Estudiantes).
La tendencia se interrumpió cuando hubo revancha sobre Atenas, con un inobjetable 71-58 en Tandil.
La docena de fechas de la fase inicial terminó redondeándose con seis festejos e igual cantidad de caídas.
En el primer turno de playoff, a esa altura con la incorporación de Álvaro Yarza tras su temporada de Liga Argentina en Racing de Avellaneda, Independiente se sacó de encima a Ferro de General Pico, barrida mediante (88-83 en el Duggan y 70-61 en La Pampa) y terminó cediendo en una batalla ante Belgrano de San Nicolás, al que dominó como local por 67-62, sin poder refrendarlo fuera de casa, condición en la que cayó primero por 91-67 y a posteriori por 88-84 en suplementario, en el marco de un juego de película que incluyó un triple “kilométrico” de Juan Segundo Menna para forzar la mencionada prórroga, cuando el triunfo visitante parecía una sentencia.