Milán Lacovich, adiós a un caballero del deporte
Milán Lacovich se fue como los grandes, en silencio; tal vez tomando su último cafecito.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailDicen los que saben que Cerro Leones y el club Figueroa fueron donde abrazó el deporte de sus amores, el fútbol.
A mediados de la década del ’40, Jorge Newbery era el equipo de primera división que lideraba en la Liga Tandilense de Fútbol, hasta que surgió Figueroa y le ganó una recordada final al “Bataraz”, 1-0, el 20 de diciembre de 1947.
Lo que llenó de júbilo fue la concurrencia masiva de público y el campeón estuvo integrado por Sánchez, Domenez, Bonavetti, Rábago, Álvarez, Nares, Maffezzoli, Cuenca, Poli, Franchini y Lacovich.
Milán se caracterizaba por la potencia para pegarle a la pelota y su corrección dentro y fuera de los escenarios. El Banco Nación lo tuvo como empleado y compartía esos menesteres con varios dirigentes del club Independiente, que cumplían funciones precisamente en el fútbol. Eso hizo que lo convencieran para integrar el equipo surgido del ascenso en 1955, integrado por el “Chueco” Odone, Cejas, Loidi, Albano Díaz, Anderson, el “Pocho” Islas, Guersi, Gutiérrez, Lacovich, Cosco y De Cruz, con la dirección técnica de Miguel Castelnuovo.
Los clásicos con Ramón Santamarina eran seguidos por numeroso público, integrado por ambas hinchadas. Cabe destacar que en esos años la cancha del rojinegro estaba donde hoy está la de hockey y sobre Sandino cruzaba el arroyo. En uno de esos partidos, Milán le hizo un golazo al famoso “Mingo” Pastor, en un match que finalizó a favor de los aurinegros por 3-1. Grande fue la sorpresa cuando al finalizar el encuentro, el arquero vencedor lo abrazó y felicitó por el gol realizado. Tiempo después, en un reportaje, Pastor reconoció a Lacovich como el adversario más correcto que le tocó enfrentar.
Todo en la vida cumple ciclos, nada es eterno en este mundo. “Somos conscientes que vamos subiendo por la escalera de la vida, y las gradas de los días que dejamos atrás, al mismo tiempo que movemos el pie desaparecen”. Una vez concluida su etapa deportiva, lo vimos durante varios años compartir con los amigos que había “ganado” una mesa de juego de cartas y el “clásico” café.
En los últimos tiempos, se lo veía caminando por el centro, con su andar cansino, aterrizando en la esquina de 9 de Julio y Pinto para compartir con sus amigos ese afecto que se había ganado en el camino de la vida.
El fútbol no es la vida, pero en algunas cosas se parecen demasiado. De ellos, seguramente, el más fuerte es que deben enfrentarse en equipo, algo que Milán hizo a la perfección. Por eso fue querido y respetado, aún cuando la hinchada rojinegra lo abucheaba ante un gol errado. Chau Milán, descansá tranquilo y en la paz que supiste ganarte en la vida.
