Oscar Castellano recordó el mítico circuito semipermanente de Tandil: "El mejor circuito que manejé"
El histórico piloto de Turismo Carretera rememoró las exigencias del trazado serrano, al que calificó como el mejor que manejó en su carrera por su complejidad técnica y extensión.
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Una de las épocas que marcó la historia del Turismo Carretera fue sin dudas cuando se corría en ruta o en los llamados circuitos semipermanentes. Uno de los más recordados fue el de Tandil, que combinaba sectores muy veloces con lentos.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl que recordó lo que era correr allí fue el histórico Oscar “Pincho” Castellano, en medio de una entrevista en Carburando Radio. “Tandil fue el mejor circuito que manejé por lo técnico. También Potrero de los Funes, que fuimos una sola vez, pero hermosísimo por lo técnico. Pero Tandil con 32.5 kilómetros era largo y estaba dotado de todo tipo de curvas, de pisos. Tenía sectores lentos, medio, subidas, bajadas, era una maravilla”, expresó el piloto.
En la historia del Turismo Carretera, pocas palabras despiertan tanto respeto y nostalgia como "Tandil". No era una carrera más en el calendario, sino la prueba de fuego y el examen final donde los hombres se diferenciaban de los nombres. Conocido popularmente como el "Nürburgring Argentino", el circuito de las sierras se ganó ese apodo por una geografía que tenía saltos, curvas ciegas, trepadas y una extensión de 32 kilómetros de adrenalina pura.
Correr en Tandil era asumir un desafío donde el error no se perdonaba. El trazado, que utilizaba las rutas provinciales 30 y 74, obligaba a los pilotos a mantener una concentración absoluta durante más de 30 kilómetros por vuelta. Allí, la velocidad máxima se encontraba con la irregularidad del asfalto y el paisaje de las sierras, creando una atmósfera épica que atraía a multitudes que acampaban durante días al costado del camino.
Lo que hacía a Tandil especial era su personalidad. El circuito tenía sectores que quedaron grabados en la memoria a fuego, como el cruce de "El Gallo" o la mítica bajada de Belén. Los autos de la categoría volaban literalmente sobre las lomas, mientras los motores sufrían el esfuerzo de las largas rectas y las suspensiones y los frenos eran puestos a prueba en las constantes ondulaciones del relieve serrano.
Nombres como Roberto Mouras, Oscar Castellano y Emilio Satriano escribieron páginas de gloria en este suelo. Ganar en Tandil era “recibirse de piloto” y demostrar que se podía domar a la "bestia" de asfalto, donde la destreza conductiva valía tanto o más que la propia potencia de los autos.
El ocho de marzo de 1992 marcó un antes y un después. Aquella jornada, Tandil albergó su última carrera oficial. El ganador en la final por suma de tiempos fue Juan Manuel Landa con la Dodge, escoltado por el "Chueco" Romero y por Fabián Acuña. Ese día, la categoría no solo terminaba una competencia, sino que estaba bajándole el telón a un circuito que quedó en la historia.
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