“Pepino” Malisia, un emblema tandilense del TC
Completó casi trece años en el Turismo Carretera. Tras debutar con Dodge, hizo el resto de su carrera con Chevrolet. Protagonizó un histórico 1-2 con Acuña en San Lorenzo ‘92. Hoy, es proveedor de elementos para ACTC.
:format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2020/09/6c037dfb-moto.jpg)
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailPor Fernando Izquierdo, de esta Redacción
fernandoizquierdo@hotmail.com
Los casi trece años comprendidos entre el 3 de julio de 1983, cuando hizo su debut en Nueve de Julio; y el 5 de mayo de 1996, día de su despedida en el Gálvez porteño, acreditan a José Edgardo Malisia como uno de los principales abanderados de la ciudad en el Turismo Carretera, la categoría por excelencia del automovilismo nacional.
Hace 37 años, “Pepino” hacía su estreno con Dodge, corriendo por única vez con esa marca para, de inmediato, abrazarse a Chevrolet hasta el epílogo de su carrera.
Ese prolongado itinerario en el TC le permitió coquetear dos veces con un triunfo que no llegaría, protagonizando el histórico 1-2 tandilense con Fabián Acuña, en noviembre de 1992.
Pero las primeras aceleradas de “Pepino” serían a bordo de una “cafetera”, cuando hace casi medio siglo se decidió a edificar una carrera automovilística que repasa junto a este Diario:
-¿Cómo se dio su acercamiento al automovilismo?
-Un amigo, Norberto Dabove, trabajaba en una rectificadora, cuyo dueño corría en el Zonal con un 125. Un día me invitaron a una carrera, fui y me gustó. Me entusiasmé hasta que me ofrecieron hacer un auto. Construimos una “cafetera”, con la colaboración de Santos Izquierdo, quien sería el presidente de Autopeña La Movediza. Yo tenía conocimientos de mecánica, porque había estado en el taller de mi tío, donde reparábamos los camiones de su empresa de transporte. Eran épocas en las que había pocos repuestos, y teníamos que construirlos.
-¿Cómo inició su periplo deportivo?
-Empecé corriendo en las “cafeteras”, en la zona del Sudeste, en 1972. Permanecí hasta el ’80, habiendo logrado dos títulos, en el ’78 y en el ’79; y un subcampeonato, en el ‘77.
-¿Cómo fue su acercamiento al TC?
-En el ’83, Autopeña La Movediza me permitió comprar el Dodge con el que Miguel Atauri había volcado en Ayacucho. Mi primera carrera fue en Nueve de Julio (N. de R.: tras clasificar 33º, fue 12º en la serie y 18º en la final). Hice el debut con esa marca y me pasé a Chevrolet, con un auto que construimos con la peña.
-¿Llegar al TC era más sencillo o más complicado que en la actualidad?
-No sé, era todo distinto. El automovilismo ha cambiado mucho. Antes hacíamos el auto con una peña, en la que nos juntábamos 40 ó 50 personas, los pilotos éramos también mecánicos. Los de hoy sólo se dedican a correr. En mi época, hacíamos un poco de todo, además de manejar el auto debíamos ser mecánicos, chapistas…
-¿Al llegar al TC debió aprender mucho más sobre preparación?
-Siempre seguís aprendiendo, pero en el Zonal había avanzado mucho, la “cafetera” me la hacía yo prácticamente. Y tenía dos motoristas que trabajaban conmigo. Ya en el TC, pude conocer mucha gente y lograr que me presten algunos fierros. Tuve una muy buena relación con preparadores como Omar Wilke, Jorge Pedersoli y Miguel Herceg.
-¿Cuáles fueron las diferencias más notorias al pasar de la “cafetera” a un TC?
-Dos cosas totalmente distintas. Una de las diferencias más grandes era en la velocidad final. También en el frenado, al TC lo tenías que empezar a frenar antes, la “cafetera” era un auto liviano, de unos 850 kilos.
-¿Disfrutaba más la conducción o la preparación?
-Me gustaban las dos cosas. Era un placer trabajar en el auto, la peña era un grupo de amigos, muchos visitaban el taller. Lo hacíamos con pasión. Después, disfrutábamos del sábado y domingo en carrera.
-¿Con qué objetivos deportivos encaró el Turismo Carretera?
-Siempre intentamos superarnos. Pelear un campeonato suele hacerse difícil. Te demanda estar todo el tiempo encima del auto. Yo trabajaba y recién a las seis o siete de la tarde me dedicaba a trabajar en el auto, a veces hasta las doce de la noche. Lógicamente, yo quería ganar carreras y pelear el campeonato, pero era consciente de que era muy difícil sabiendo que no le daba exclusividad al auto.
-¿Qué relación tenía con dos tandilenses contemporáneos suyos en el TC como Fabián Acuña y Vicente Pernía?
-Muy buena, y la sigo teniendo. Lo mismo que con otros pilotos de la ciudad como Del Giorgio y “Pato” Politano. Fabián sigue alimentando su pasión por los fierros, como yo. Él, viniendo del Zonal como yo, logró muchos triunfos y algunas buenas temporadas en Turismo Carretera. El “Tano” Pernía llegó con experiencia en categorías nacionales porque había pasado por el Turismo Nacional. Ambos eran buenos pilotos.
-¿Qué recuerda del semipermanente tandilense?
-Para mí, se trataba de una carrera muy especial. Era el mejor circuito de ruta. En el ’84, volqué en la zona de la Escuela Granja y no me maté de casualidad. Era mi tercera carrera con esa “Chevy”. El circuito era peligroso, por carrera había cuatro o cinco accidentes. Para el que no era de acá, era complicado memorizarlo.
-¿Qué desencadenó su accidente?
-Una ráfaga de viento. A veces, confiás en que el viento no trae consecuencias, y las trae. Con el tiempo, la experiencia te permite manejar ese tipo de cosas. Ese día, me tiré a pasar un auto en pleno curvón, arriesgué demasiado. Me equivoqué, me pareció que la maniobra era más fácil de lo que realmente era.
-¿Llegó a tener miedo arriba del auto de carrera?
-No. Pero a los accidentes que iba viendo, los tenía en cuenta. Y tomaba ciertas precauciones. Uno solía intentar cosas que los autos de ese momento no permitían. Hoy, es distinto. Las gomas, por ejemplo, son totalmente diferentes a las Michelin que usábamos nosotros. Y nuestros autos eran prácticamente standard.
El 1-2 tandilense
El 8 de noviembre de 1992, Tandil se hizo sentir como nunca en el Turismo Carretera.
Fabián Acuña consiguió en San Lorenzo su primer triunfo en la categoría, siendo escoltado por su coterráneo Malisia.
Fue ésa una de las oportunidades más grandes que “Pepino” tuvo para inscribir su apellido entre los ganadores dentro de “la máxima”.
Así recuerda Malisia aquel desenlace en la ciudad santafesina:
“En la quinta o sexta vuelta, detuvieron la carrera. En el relanzamiento, me tocó largar junto a Fabián en primera fila. Nosotros usábamos un aceite vegetal que cuando enfriaba te reventaba los filtros, entonces no podía llevar el motor a tantas vueltas. Después del relanzamiento, veníamos muy parejos en el tiempo, me pasé un poquito en la autopista y él me hizo una diferencia. Ese día estaba para ganar, por algo ‘el de arriba’ dijo que no”.
-También estuvo cerca en Balcarce.
-En 1987, la perdí por medio auto con Eduardo Marcos. Fue un día que había llovido, al momento de largarse la final no se sabía qué pasaría. Casi todo optaron por las gomas Michelin y yo puse las Faneco, para piso seco. Durante las primeras vueltas, transité siempre cuidadosamente por el centro para evitar un despiste. Y cuando comenzó a secarse el piso fui pasando a todos los que habían optado por las Michelin. Cuando lo alcancé a Marcos la carrera ya terminaba.
-¿En el repaso de su carrera le queda la “espina” de no haber ganado?
-No. Rescato mis mejores resultados y el trabajo que hicimos con Autopeña La Movediza. Por supuesto que los triunfos son lindos, en el Zonal gané 24 carreras y las disfruté a todas. En el TC no era fácil, corríamos contra unos monstruos.
Su vínculo con Mouras
-¿Castellano y Mouras eran los dos mejores de su época?
-Sí. Pero había otros muy buenos como los hermanos Aventín, “Patita” Minervino, “Lalo” Ramos, Satriano, “Jhony” De Benedictis…
-¿Tenía una amistad con Mouras?
-Si es por todo lo que lo traté, más que un amigo era casi un hermano para mí. Coincidíamos en la preparación de Pedersoli y en las carreras permanentemente nos juntábamos a charlar. Era una persona introvertida y muy profesional, he aprendido mucho de él. Observándolo, fui sacando cosas. Obviamente, no se puede copiar todo, hay virtudes que son intransferibles.
-¿Era un piloto tan agresivo como suele describírselo?
-No sé si tan agresivo, sí arriesgaba, a veces demasiado. Pero cuando tenía que frenar, frenaba. No es que iba al roce porque sí.
-Le tocó ver de cerca su accidente fatal.
-Claro. Él había largado en primera fila y yo, en la segunda. Roberto bloqueó muy fuerte apenas iniciada la carrera y uno de sus neumáticos quedó dañado. Lamentablemente, más adelante se le explotó y tuvo la mala suerte de impactar contra el único talud que había en el circuito. También vi de cerca la muerte de “Pato” Morresi, en La Plata. Largó en segunda fila y yo, en tercera. En este caso, no llegué a ver en detalle porque su auto quedó del otro lado del talud en el que impactó.
El TC de hoy
-¿Cómo ve al TC actual?
-Incomparable con el que me tocó vivir a mí. Han ido poniendo cada vez más carga, alerones, deflectores…Antes eran prácticamente autos de calle.
-¿Qué piloto de hoy le gusta?
-A veces, uno no sabe si elegir por su forma de manejar o por los logros que han obtenido. Por sus títulos, lógicamente Canapino se está destacando mucho. Como lo hizo Ortelli en su momento o el “Gurí” (Omar Martínez). En lo conductivo, Matías Rossi me gusta mucho.
-¿Cuál es su tarea actual dentro de la ACTC?
-La proveo de distintos elementos, como las tapas de cilindro de los multiválvulas, las tapas de distribución, los blocks, los sobrecarter, las levas…tengo mucho trabajo.
