Santamarina, ese milagro de muerte y resurrección
Hoy cumple años el club Santamarina. 107, cifra importante si las hay, porque atraviesa gran parte de la vida de la ciudad. Sólo bastaría tomar en cuenta que por entonces, faltaba todavía una década para que Tandil festeje el centenario de su fundación.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailDicen algunas crónicas, que la jornada de aquel 20 de diciembre de 1913 se presentó calurosa. Al día siguiente empezaba el verano, y la canícula del día anterior venía a desmentir, al menos durante esas jornadas, aquella máxima que asegura que en Tandil tenemos solamente dos estaciones: la del invierno y la del ferrocarril. Así que aquellos muchachos, tal vez inspirados por esos soles muchas veces esquivos, dieron rienda suelta a la imaginación y al trabajo fecundo, para fundar un club. Era aquel, un Tandil que crecía a ritmo sostenido, con 90 años de vida y rumbo a su primer centenario en 1923.
Una historia en oro, pero también en negro
Cuesta bastante resumir una historia tan particular como la del club y biblioteca Ramón Santamarina, que tuvo, increíblemente, nacimiento, muerte y resurrección. En el medio de ese proceso la institución creció a un ritmo impresionante, hasta poder contar, en la lejana década de 1940, con la sede de la calle Yrigoyen al 600. Primero se compró una vivienda y luego se fueron sumando otras, hasta llegar al punto más alto allá por los años ’60 en que por la calle Sarmiento hubo un gimnasio exclusivamente para boxeo y quienes llenábamos el estadio en las peleas que se hacían sábado tras sábado (y a veces viernes también) ingresábamos precisamente por Sarmiento. Y por Yrigoyen se disfrutaba de los más grandes bailables de Tandil. Y el domingo, a la cancha, con acceso por la esquina de Belgrano y Roca. Si era verano, a la piscina, también allí. Si queríamos leer, en el primer piso de la sede existía una muy buena biblioteca.
La oscuridad de los ‘90
Las políticas neoliberales arreciaron en la Argentina y otros países en la década del ‘90. Los tandilenses perdimos el Banco Comercial, un orgullo lugareño que había nacido en 1902. Pero también las compañías de seguro La Tandilense y El Centinela. El Banco del Fuerte, también local. Y el club Santamarina, con su historia, sus triunfos y su opulencia.
¿Qué pasó? ¿Quién lo hizo? ¿Quiénes lo hicieron? Los culpables fueron unos cuantos. Y la justicia, una vez más, no fue justa.
Pero cuando nos preguntan si hay relación entre la quiebra del club y las otras grandes quiebras ocurridas en todo el país y en la ciudad, respondemos afirmativamente. Por muchos motivos. Entre otros, porque el neoliberalismo es propenso a generar el tristemente célebre “sálvese quien pueda”, que deriva en otro clásico, el “no te metás”. Si todo ese proceso de la inescrupulosa quiebra se hubiese dado en la primera década del actual siglo, otro hubiera sido el final. Porque la gente empezó una vez más a movilizarse, en lo político y en lo social.
El “milagro del alma”
El club perdió tierras y ladrillos. En dinero, serían millones de pesos o de dólares. Sin embargo, no perdió todo. Pese a la tragedia, no hubo final. Porque -codo a codo con la pasión- quedó el alma.
Al igual que en los tiempos fundacionales, el resurgimiento llegó por la vía del fútbol. Aquel histórico campeonato tandilense logrado el 9 de julio de 2002 frente a Ferro, el clásico rival, marcó el principio de la resurrección gloriosa. Luego llegarían los ascensos a los campeonatos Argentino B y A, y en 2014 esta realidad del fútbol profesional a través de la Primera Nacional, con casi siete años consecutivos, algo inédito en la historia del fútbol lugareño.
Pero, ¿y lo demás? Es decir, ¿las obras? ¿los ladrillos…? Y aquí está el otro gran milagro, que se inició casi una década atrás con la cesión, por parte de la provincia, del predio de 12 hectáreas de Sans Soucí. Ello significó una justa reparación histórica ante semejante afrenta, ante aquella pérdida que tuvo muchos culpables y no solamente algún par de dirigentes. Porque el poder político también fue responsable. Primero, por la negligencia de haber autorizado -el municipio- una rifa sin que estuviesen pagos los premios de la anterior. Y más adelante, en plena quiebra, por haberse quedado, la Municipalidad de Tandil, con la mítica Quinta Belén por un puñado de impuestos adeudados, sin tener en cuenta lo mucho -muchísimo- que el club había aportado a la sociedad tandilense en casi un siglo de existencia.
Pero eso ya está, ya ocurrió. Y tal vez esa reparación histórica pueda un día profundizarse, con la devolución del predio “Belén”, o parte del mismo. Pero mientras, en Sans Soucí se fueron inaugurando obras. Un campo de juego con alambrado y vestuarios reglamentarios, canchas para divisiones menores, y mucho más y con las mejores perspectivas. Hacia allí va este Santamarina de 107 años que murió y resucitó. Difícilmente haya algún caso similar en el país. Ni siquiera el Mandiyú de Corrientes, que incluso es de la década de 1950, mucho más joven.
Santamarina es un ejemplo, de la mano de una dirigencia que supo acompañar este milagro con trabajo y pasión. La misma del hincha y de los jugadores del semillero y también de los foráneos, que llegan aquí, sabiendo que vienen a un club al que consideran un grande de la Argentina. Y así es.
¡Salud!
(Por Néstor Dipaola)
